Archive for 23 diciembre 2019

Felices fiestas navideñas

diciembre 23, 2019

Yo a veces veo elfos

diciembre 19, 2019

Yo a veces veo elfos, algunos van de incógnito, solo les delatan sus puntiagudas orejas. La mayoría son tranquilos, amables y muy simpáticos. En mi jardín están  escondidos detrás de unos rosales rojos, suelen salir en la noche, les gusta más cuando hay luna llena, en eso nos parecemos.

Ya me he acostumbrado a ellos, tenemos nuestras conversaciones, y no solo hablamos del tiempo, ya que ellos son muy inteligentes.

Les tengo un poco de envidia sana, ya que en el sitio donde ellos proceden no hay guerras, no existe la política, nadie quiere ocupar ningún sillón, y menos ninguna atalaya. Ellos en vez de dividir suman, esa es una de sus grandezas que les diferencia del ser humano.

Cualquier día les digo que me lleven con ellos una temporada para comparar, pero me dicen que mi sitio es este, y que ellos nos observan con mucha atención, para no cometer nuestros errores, ya que los elfos aman la tierra y la naturaleza sobre todas las cosas.

Ayer estuve viendo un cuento sobre los elfos con mis nietos, y se me ha ocurrido este  mini relato, a veces también me gusta soñar con un mundo mejor.

María – Patxi Andión

diciembre 18, 2019

Una estrella más en el universo. Descanse en paz.

Res no és mesquí

diciembre 17, 2019

Percepción

diciembre 16, 2019

Te leo pero no te entiendo

no te veo pero te siento

te robo tus palabras enlazadas

y las descifro en mis sueños

Boig per tu

diciembre 16, 2019

Palo Alto

diciembre 15, 2019

Hoy sábado he podido disfrutar de la playa, la tengo a cinco minutos andando y no me canso de decir que Malgrat de Mar es mi pequeño paraíso, soy  muy afortunada de sentirme tan bien en este pueblo costero, que siempre que puedo lo destaco en mis blogs, pero eso si, no vengan todos a la vez, no cabríamos.

Siempre que entro en mis espacios dónde publico, miro en el mapa de dónde son las personas que me visitan, sé que muchas sólo entran por casualidad, pero otras son fijas y eso me llena de satisfacción, pensar que algo que escribo o simplemente un vídeo de música les atraen a mi espacio virtual. Hay una persona, no sé si es hombre o mujer que es de Palo Alto, este nombre siempre me ha llamado la atención desde que supe que allí está Facebook, pero no sentí la suficiente curiosidad como para buscarlo en la red, sólo sabía que estaba en California, pero hace un rato me empapé un poco de su historia.

Ahora sé que está en el Condado de Santa Clara en el estado de California (Estados Unidos), en el sur de la bahía de San Francisco, tan conocido en el mundo entero por sus películas, también me he enterado que allí hay muchas empresas de tecnología, y que se fundó en el año 1887, y su nombre tiene origen por un árbol llamado Palo Alto, es uno de los lugares más caros para vivir de los Estados Unidos.

Pero estas letras no van dedicadas a este bello lugar, se las dedico a esa persona, que día tras día entra en mi blog y aunque nunca me ha comentado, sé de su presencia, desde luego que me encantaría que me hiciera un pequeño comentario para decirme que lo ha leído, pero comprenderé que no lo haga, pero eso sí, no deje de entrar, si no me veré obligada a escribirle un relato entero preguntando porqué no lo hace. Siempre he tenido mucha imaginación y no me cuesta encontrar algún motivo por insignificante que sea, para hacer volar mi imaginación más allá de mi propia realidad.

Como mis relatos son muy cortos, sobretodo para no cansar, me despido hasta pronto y hasta siempre y desde mi paraíso al suyo le doy las gracias a él o ella y a todos los que entran en mi blog y me regalan una de las cosas más valiosas que tienen, su tiempo.

Publicado anteriormente.

 

LLévame en un beso

diciembre 12, 2019

El eclipse

diciembre 12, 2019

 

Todo el mundo estaba esperando el eclipse, era un acontecimiento extraordinario, se tardarían bastantes años en ver otro igual, pero a ella no le importaba lo más mínimo, estaba en el ocaso de su vida, había perdido toda ilusión, se preguntaba cada día que sentido tenía vivir, no le esperaba nada,  le costaba levantarse de la cama, solo quería dormir a todas horas, era una pesadilla el tener que enfrentarse con un nuevo día, ya no podía más, había tomado una decisión, la más importante de su vida.

No crean que estaba sola, tenía un buen marido y un buen hijo, pero les faltaba comunicación, y muchas veces se sentía muy sola. Su posición era bastante mejor que la de la mayoría de gente de su entorno, pero todo lo veía oscuro, sin un rayo de esperanza que la motivara a seguir viviendo. No quería disgustar a su familia, no era lo mismo morir por una enfermedad o un accidente que suicidarse, además no sabía si realmente había que ser muy cobarde o muy valiente para dar ese paso. Ella siempre pensó que sentiría en el momento de decidirlo, eso ya lo sabía, pero le quedaba la peor parte. Estaba enfadada con ella misma, hacía poco había tenido una gran decepción con una amistad, que le demostró que solo la utilizaba cuando le convenía, eso le marcó bastante, pero no era ni una décima parte comparado con lo que le había decepcionado la vida.

Toda la semana estaba preparando la despedida, una carta para su marido y otra para su hijo, no quería que la compadecieran y tampoco que su marcha les produjera más dolor de la cuenta, ellos no tenían la culpa de su decisión. Se levantó pronto, se duchó y se arregló más que si fuera a salir de viaje, no quería dar mala impresión cuando pasara, había decidido que se tomaría una combinación de pastillas y se quedaría dormida para siempre. En ese momento sonó el teléfono, era la policía, su hijo había tenido un accidente de coche y estaba ingresado en un hospital, en estado muy grave.

Su marido había ido a jugar la partida diaria de cartas, ella lo localizó y no tardó ni cinco minutos en llegar, le dijo lo que pasaba y se fueron con un taxi, estaban demasiado nerviosos para conducir. El marido acostumbrado a no ver arreglada a su mujer, le comentó lo rápido que se había arreglado, sin imaginar la causa por lo que lo había hecho, ella no dijo nada y le cogió las manos apretándolas y pidiendo que su hijo viviera, él no quería irse, el destino estaba cambiando las cosas.

De camino al hospital, pensó que todo lo que le pasaba era un castigo por lo que había estado a punto de hacer, era cristiana aunque no solía ir a misa. Cuando llegaron a cuidados intensivos, solo pudieron ver a su hijo por una cristalera, estaba entubado y en coma, los médicos no podían asegurar que se recuperara, tenían que pasar las primeras horas para poder dar un diagnostico en condiciones. Su marido encajó la noticia como pudo, no hablaba y tenía la mirada perdida, como sí todo fuera una pesadilla y estuviera a punto de despertar.

Al día siguiente era el eclipse, lo vieron desde el hospital, ella se sintió culpable, su hijo no lo vería, todo había dado un giro de 360º, no encontraba sentido a nada. Dejó a su marido un momento y se fue a la capilla del hospital. Una vez allí se arrodilló y rezó como nunca lo había hecho, más que rezos eran suplicas para que su  hijo recobrara el conocimiento, tenía un traumatismo craneal, por lo demás había salido sin heridas importantes en el cuerpo, ahora más que nunca tenía que estar viva para poder cuidar de su hijo y su marido.

Pasaron las semanas y el estado de su hijo seguía igual, ella tiró las pastillas, quemó las cartas y cuidaba de él y su marido con más esmero que nunca, cada tarde iba al hospital, le cogía las manos, le hablaba y le ponía música, su marido lo llevaba de otra manera y pensaba que por mucho que hiciera el no la oiría, pero no le decía nada, no quería quitarle la ilusión, ella ahora se daba cuenta que su familia era el motor de su vida y estuvo a punto de perderlo todo. Pasaron tres meses y cuando menos lo esperaban su hijo empezó a salir del coma, ni los médicos lo creían, entre un millón, el tendría otra oportunidad.

Pasaron dos meses más y le dieron el alta en el hospital. El hijo se recuperó lentamente pero no le quedaron casi secuelas. Cuando llegaron a casa había desaparecido la oscuridad que tanto la entristecía, ahora el sol brillaría como nunca. La experiencia los marcó para el resto de sus vidas, pero por lo menos ella hizo lo posible para que todo volviera a una normalidad que nunca debió de faltar. Su hijo le dijo que cuando estaba en coma, vio como tiraba las pastillas y quemaba las cartas y que también la escuchaba cuando le hablaba y le pedía que se despertara, y sobre todo lo que más le impresionó fue el eclipse, le pareció lo más hermoso que había visto nunca, se fundieron los tres en un abrazo y se dieron cuenta de que aunque faltara uno de ellos siempre estarían unidos por un lazo invisible que pocas personas tienen la suerte de sentir.

Publicado anteriormente.

It must have been love

diciembre 10, 2019

Una estrella más en el firmamento.