Relax de una virgo lunática

Hace casi un año que inauguraron un complejo deportivo donde resido, para que sepáis como es, os lo voy a describir: consta de una sala de máquinas, dos de bicicletas y cintas de andar, la sala de yoga y otros ejercicios relajantes, el salón de clases de baile, las piscinas cubiertas y la piscina exterior con un jardín impresionante cubierto de césped, con hamacas para tomar el sol, cabinas de masaje y la cafetería. No le falta de nada y lo mejor de todo es su equipo humano, sobretodo los entrenadores personales, están imponentes y son los únicos que pueden ponerte a punto.

Mi primer día fue muy emocionante, iba un poco nerviosa, nunca había pisado un gimnasio, tiempo atrás iba a una piscina cubierta, pero nada más, ahora se abría delante de mí un mundo nuevo y pensaba sacarle el jugo.

Nada más entrar ya vi que la cosa se ponía difícil, lo digo por los conjuntos tan apretados y sexis que vestían las mujeres de cincuenta para arriba, les quedaban muy horteras, querían aparentar ser más jóvenes y la verdad que estaban ridículas, con todas las carnes grasientas tan apretadas, que les hacía salir los michelines por todas partes, pero lo más preocupante es que no podían casi respirar, también me llamó la atención lo pintadas que iban unas cuantas y cargadas de joyas, por un momento pensé que me había equivocado de sitio, pero no, no era una sala de fiestas, era un gimnasio.

Tenía que ser valiente y entrar en la sala, lo que más me fastidiaba es que yo no iba ni apretada ni sexi y mucho menos pintada, pero destacaría entre la mayoría, y a mí me gusta pasar desapercibida. Poco a poco fui probando las máquinas y de tanto en tanto empecé a ver gente como yo, ropa ancha, de algodón y caras sin pintura, respiré tranquila.

Cuando estaba en la cinta de andar o correr, a mi lado había un hombre de unos sesenta años, que empezó a hablar como un loro, me contaba que era viudo y que se estaba poniendo en forma, que la vida seguía y que esperaba encontrar a una mujer que le gustara. Yo aguantaba la conversación sólo asentando con la cabeza, puesto que yo sólo le dije buenos días, ya que él estaba primero, y yo soy muy educada. Pobre hombre, estaba casi sin aliento, había puesto la cinta al máximo y no sabía pararla, yo tampoco, era mi primer día, llamemos al entrenador y él se hizo cargo del asunto.

Luego pasé a la piscina, nadar es mi afición preferida junto con la de escribir. A esa hora había bastante gente y teníamos que compartir las calles de la piscina. A mí me tocó un joven bastante patoso, por poco me ahoga con sus maneras de nadar, y eso que le dije que cada uno fuéramos por un carril, pero ponía tanta pasión que cada vez que pasaba a mi lado me hacía tragar agua, pero eso sí, tenía un cuerpo estupendo, esculpido a base de dieta y duro ejercicio, quizás le tenga que dar unas clases, pues yo nado de muerte, ¿soy un poco chula verdad?, los años me han quitado todas mis manías, la vida es demasiado corta para perderla en tonterías.

Estoy acabando mi recorrido, pero ahora viene lo mejor, el SPA, lo escribo con mayúsculas porque se lo merece, es impresionante, y pensar que los ricos lo tienen en su casa, y quizás muchos lo han logrado con estafas bancarias y demás, como está de moda las preferentes y la crisis bancaria me ha salido sin pensar, pero no me quiero desviar del tema y menos en estos momentos de relax.

Primero empecé por la sauna de vapores, aquello era el paraíso, además se oía una música relajante. Al entrar había varias personas de los dos sexos, todos obesos, por un momento pensé que dónde estaban los cuerpos imponentes que salían en los anuncios del gimnasio, miré a mi alrededor y vi más de lo mismo, no es que me ría de la gordura, ni mucho menos, pero saldría muy contenta de comprobar que todavía conservaba mi línea, aunque el paso de los años no perdona a nadie, pero vamos, que no estoy nada mal, por cierto ya no tengo abuelos, y si yo no me quiero, no me quiere nadie.

Luego pasé a la camilla de burbujas, me tuve que agarrar bien fuerte, pues la presión casi me tira al suelo y que decir de los chorros de agua fría y caliente que casi te dejan tiesa, lo mejor es el jacuzzi, allí puedes estar sentada y los chorritos te los puedes dirigir dónde quieras, no sean mal pensados, que yo no voy por ahí.

Cuando salí del gimnasio parecía otra, machacada por ser el primer día, me dolía todo, la culpa era sólo mía, quise probar todos los aparatos y una ya no está para esos trotes, mañana sólo haré unos largos de piscina y directa al jacuzzi, eso sí, lo primero que haré es hablar con mi entrenador personal y que me dé clases extras, necesito una puesta a punto, pero eso será la próxima semana.

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2 comentarios to “Relax de una virgo lunática”

  1. manel Says:

    Hola Rosa, es lo que nos ha tocado vivir: redes sociales y gimnasios, nada que ver con el futuro que preveian las películas de coches voladores y encuentros en la tercera fase. Al final la autosuficiencia y la individualidad fracasan por necesidad, y los seres humanos acabamos siendo seres sociales a los que nos gusta estar en compañia. Menos mal…. Un abrazo, y que pijo suena eso del entrenador personal, aunque seguro que es él el que acaba aprendiendo de ti muchas cosas; sobre la luna, el mediterraneo, y la incansable capacidad humana para crear cosas en la mente…

    • Una virgo lunática Says:

      Manel, según a que edades, hemos de tomarnos la vida lo mejor posible y compartir con los demás nuestro tiempo y de paso que observo la vida pasar, escribir me libera de la rutina.

      Otro abrazo y ya van tres seguidos…. jaja, ya me salió la pizca de ironía.

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