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Voluntariado, un camino a seguir

enero 10, 2011

Hoy no quiero escribir relatos ni poemas, prefiero otra cosa muy diferente, quizás porque no me gusta la monotonía. Tampoco pretendo al escribir estas líneas ser mejor que nadie ni mucho menos, sólo soy una mujer con muchas ganas de hacer cosas antes de abandonar este mundo, pero no me voy a poner trágica y convertir esto en un relato de los míos, la cosa es mucho más simple, sólo quiero hablar de la solidaridad, menuda palabra, queda muy bien al pronunciarla, ojala fuera tan fácil ejercerla.

Soy voluntaria por segunda vez en los últimos cinco años, tres años detrás de un mostrador atendiendo a las personas más necesitadas y este año pasado empecé en una residencia de ancianos, en la parte lúdica y entretenimiento.

Mi vida no es nada aburrida, tengo mi afición de escribir, mi familia y mis viajes, pero me sobra tiempo para compartir con los demás y cada día me doy más cuenta que hago lo que la razón y el corazón me mandan, y ya sabemos que la razón y el corazón muchas veces no se llevan bien.

He querido explicarlo para concienciar a las personas que es muy fácil ser voluntaria si entiendes el significado de esa palabra en toda su extensión, lo digo porque varias veces me han preguntado cuanto cobraba o han insinuado que algún interés tenía al serlo.

No me ofenden cuando me lo preguntan, sólo les explico el sentido de ser voluntario, sólo es uno, dar sin esperar nada a cambio, pero en el fondo recibes mucho más de lo que das.

Al empezar a ir a la residencia de ancianos, es como ir a un trabajo nuevo, en el cual todo el mundo te observa y pocos se comunican, pero es lógico, eres alguien nuevo y eso es normal, pero cuando van pasando las semanas te conviertes por unas horas en una más de esa gran familia.

Las personas mayores aunque están muy bien atendidos en todas sus necesidades, hay momentos que están inmersos en sus recuerdos y yo pretendo hacerles sonreír, distraerles y hablarles de mis cosas y que ellos me hablen de las suyas, ellos lo agradecen de corazón y te lo demuestran con sus miradas, esas que han visto tantas cosas buenas y menos buenas.

Otra cosa que les gusta es un apretón de manos, se agarran a ti como un niño recién nacido, piden tan poco que es injusto no hacerles felices.

Como no quiero alargarme demasiado, sólo quiero decir que hay muchas clases de voluntariado y siempre hay uno adecuado para cada uno de nosotros.

Espero que las personas que me lean, no lo piensen demasiado, sólo dos horas a la semana bastan para que otras personas sean un poco más felices, no hemos de olvidar que un día nosotros seremos ellos.