Té con galletas

Un sol tímido entraba por la ventana, y las hojas de las acacias bailaban al son del viento. Sofía, como cada día tomaba el té con leche acompañado de galletas caseras, era muy buena cocinera, y a pesar de su avanzada edad, cada día cuidaba su jardín, tenía las mejores acacias del pueblo.

Vivía sola, a las afueras de un pueblo muy tranquilo a 20 Km. De Londres y las únicas visitas que tenía era la de sus amigas Patricia y Rose, que vivían muy cerca, eran hermanas y solteras como ella, auque eran bastante más jóvenes se llevaban muy bien, tenían los mismos intereses.

Como su casa era muy grande y su pensión de jubilada no era demasiado esplendida, de vez en cuando alquilaba una habitación, pero era muy exigente con los posibles clientes, sólo aceptaba hombres solteros o viudos sin hijos y mayores de sesenta años, no quería demasiado ruido y tenía prohibido las visitas.

Ese día había decidido poner un anuncio en un periódico de tirada local y llamó a sus amigas para comentárselo, ya hacia muchos meses que no tenía ningún inquilino y empezaba a tener problemas económicos.

A los pocos días recibió una llamada de un hombre para poder ver la habitación, pues le interesaba la zona, quedó con él y a la vez avisó a sus amigas para que vinieran a tomar el té y así de paso lo verían, y le darían su opinión, jamás hacia nada sin contar con ellas, puesto que les unía demasiadas cosas en común.

Allí estaban las tres amigas, esperando a ese varón del cual no sabían todavía nada. En ese momento llamaron a la puerta, Sofía primero miró detrás del visillo y comprobó que había venido solo, abrió, le saludó y le hizo entrar, una vez allí le presenta a sus encantadoras amigas.

Después de cambiar impresiones y hacer todas las posibles preguntas a Luciano (ese era su nombre) le invitan a tomar el té con ellas, a lo cual él acepta encantado.

Luciano, poco a poco iba cogiendo confianza y les contó que no tenía familiares ni amigos, puesto que todos se fueron casando y había perdido todo contacto y que buscaba un sitio cerca de la naturaleza para poder disfrutar de la jardinería, pues era su pasión. También les comentó que tenía unos dineros ahorrados, pues le habían dado una buena liquidación al jubilarse y que pensaba comprar una casa por allí, por eso necesitaba la habitación para ir buscando sin prisas, pues primero quería comprobar si el sitio le gustaba.

Sofía le dijo que se lo pensaría y que al día siguiente le daría la contestación. Las tres amigas se quedaron charlando y acordaron que era el inquilino perfecto.

Al día siguiente  Sofía lo llamó y le dijo que ya podía instalarse, que todo estaba preparado. Así fue, llego con dos maletas y se instaló en su  cálida habitación con vistas a unas hermosas acacias. Llegaron al acuerdo que si él quería, ella le cocinaría y podría usar casi todas las estancias de la casa, a cambio él le arreglaría el jardín, y le daría una capa de pintura a toda la casa, pues hacía mucho tiempo que nadie de afuera le arreglaba nada, entre ella y sus dos amigas lo hacían todo, pero ya eran mayores para tanto trabajo. Luciano aceptó encantado y enseguida empezó a acondicionar la casa, tenía mucho trabajo por delante, pero tiempo era lo que le sobraba.

Pasaron los días y Luciano ya una vez instalado quería empezar a ver casas en la zona, pero las quería con un gran jardín.

Cada día por la tarde venían sus amigas a tomar el té, a Sofía no le gustaba demasiado salir de casa, sólo le interesaban sus acacias y poco más.

Como Luciano salía poco de casa, ya que no tenía amigos, Sofía decidió salir a visitar a sus queridas amigas, y así poder hablar tranquilamente de los planes que tenían que preparar. Una vez reunidas y después de saborear un magnifico té, acompañado de unas galletas caseras que había cocinado Sofía, empezaron a urdir el plan, que consistía en hacer creer a Luciano, que sus amigas iban a vender la casa y se irían a vivir las tres juntas, puesto que ella por su avanzada edad empezaba a necesitar más cuidados y que era una casa preciosa con un gran jardín y le dejarían a buen precio si le gustaba, pero que ya tenían otros interesados en comprarla, por lo tanto tenía que decidirlo en una semana.

Sofía le comentó lo bonita que era la casa de sus amigas y que lo mejor de todo era el gran jardín y sus espléndidas vistas y el precio era muy interesante, pero tenía que pagarla al contado, y en metálico por cosas de hacienda y eso no era problema para él, puesto que tenía suficiente dinero. Al día siguiente Luciano fue a ver la casa acompañado de Sofía, y se enamoró del jardín y de las bellas vistas, le llamó la atención que sólo tenían dos acacias como en la casa de Sofía, pero pensó que era una casualidad.

Como era costumbre tomaron el té y sus galletas, y entre sorbo y sorbo cerraron el trato.

Luciano estaba radiante, era la casa de sus sueños y el precio era realmente asequible, incluso muy por debajo de lo que él creía que valía, pensó que tuvo mucha suerte de encontrarse en su camino a esas tres damas encantadoras.

Luciano fue al Banco y sacó la totalidad del dinero para la compra de la casa, de lo demás se encargaban las hermanas, pues le dijeron que tenían un notario de confianza y enseguida tendría los documentos preparados para firma y entrega de llaves, pues estaban deseosas de vivir las tres juntas.

El día amaneció esplendido, Sofía le dijo a Luciano que si le podía  preparar un buen hoyo para plantar una tercera acacia,  pues ya la tenía encargada, se la traerían la próxima semana, y la tierra estaba llena de piedras, pues en tiempos lejanos por allí pasaba una riera, y quería que la tierra estuviera en su punto para que la acacia creciera como las otras.

Luciano le contestó que era lo menos que podía hacer, para darle las gracias por todo. Se puso a excavar y  cuando estuvo todo listo se arregló lo mejor que pudo, pues luego comerían todos juntos y partirían hacia el notario.

Patricia y Rose llegaron puntuales, Sofía tenía todo listo, se saludaron y empezaron la deliciosa comida. Luciano  comió más que nunca, y le quedaba lo mejor, el té con las sabrosas galletas de Sofía. Después de la comida, pasaron al salón y se pusieron cómodos mientras Sofía servía el té y sus apreciadas galletas. Allí estaban las tres amigas observando como Luciano empezaba  a tener sueño, la cabeza le empezaba a tambalear y casi no se le entendía, en ese momento Luciano se levantó como si intuyera peligro y se dirigió a la puerta para escapar, su aterradora mirada daba a entender que sabía que había tomado su último té con galletas.

Sofía y sus amigas lo enterraron  en el sitio donde iban a poner la acacia, era su quinta victima, en el fondo les daba lastima, era uno de los mejores inquilinos que habían tenido, pero necesitaban sus dineros para poder vivir y viajar, pues ellas sólo volvían a ese tranquilo pueblo cuando se les acababa el dinero. Así fue, Patricia y Rose se fueron a pasar una larga temporada a la otra parte del mundo, mucho más calida que Londres y a Sofía la llevaron al mejor balneario, pero más cerca de casa, ella necesitaba ver crecer sus acacias y las de sus amigas, no había nada que le gustara más.

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2 comentarios to “Té con galletas”

  1. Loba Says:

    Un relato inesperado. Que cruel es la gente… preferiria quedarme sin dinero y vivir vajo un puente que matar a una persona por dinero.

    Una abraçada molt forta.

  2. Una virgo lunática Says:

    Ya sabes, escribir te facilita vivir vidas y que otros las vivan al leerlas. Veo que te defiendes con el catalán, eso esta muy bien, contra más idiomas sepamos más libres seremos.

    Una abraçada.

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