La misandria

 

Ella era una misandria, odiaba a los hombres con todas sus fuerzas, igual que los misóginos odian a las mujeres. Pocas veces se reconoce este odio, se oculta bajos otros matices. Hay que diferenciar lo que es la androfobia, el temor a los hombres, en cambio la que es misandria no tiene ningún miedo, pero si un desmedido odio a ellos.

Había tenido una mala experiencia de pequeña. En su casa le tocó hacer de criada de sus hermanos varones, eso la fue marcando poco a poco hasta convertirla en una mujer muy peligrosa, además su padre y ella siempre mantuvieron una relación distante, nunca quiso hablar de ello, era como un secreto inconfesable. Se había casado muy joven, pensando que si lo hacía encontraría la libertad. Estaba muy equivocada su marido era un machista. Al cabo de un año de casada, se dio cuenta que odiaba a su marido, pero él no quería oír hablar de divorcio, así que no le quedaba más solución que deshacerse de él. En realidad odiaba a todos los hombres, estaba convencida de ello, pero hasta ese día no se dio cuenta.

Era un hombre de posición y con relaciones importantes, sabía que si le dejaba, le seguiría y le amargaría la vida, se lo dejó muy claro en una discusión que tuvieron días atrás. Estaba desesperada y empezó a visitar los bares de los barrios más peligrosos. Su marido estaba de viaje de negocios y tardaría varios días en regresar.

Su cabeza no paraba, siempre tuvo mucha imaginación. En una de sus visitas a un bar de mala muerte, entabló amistad con un joven drogadicto. No era casualidad, iba buscando una victima para que le hiciera el trabajo sucio. El joven no tenía trabajo y se ganaba la vida trapicheando droga en pequeñas cantidades, estaba enganchado y necesitaba su dosis diaria. Ella le invitó y le dijo que salieran fuera que quería proporcionarle un trabajo que le aportaría mucho dinero. El joven sin pensarlo dos veces accedió y salieron fuera del bar. Una vez fuera le contó que su marido le pegaba y la abandonaba por otras mujeres cuando le apetecía y que si le dejaba la mataría, le suplicó llorando que si ella no hacía algo él se adelantaría y acabaría con su vida. El joven le dijo, que por que no iba a la policía, y ella le contestó que tenía demasiado miedo por las represalias de su marido.

Quedaron en verse al día siguiente, el joven quería pensarlo, ella le había encargado nada menos que matar a su marido y todavía no se había recuperado de la sorpresa. Al día siguiente el joven le confirmó que aceptaba, pero le iba a costar muy caro. Ella le dijo que cuanto quería, él le contestó que 20.000 euros, ella le dijo que le daría 10.000 más si todo salía a la perfección, él se quedó sin palabras, pensando que podría haberle sacado mucho más, pero no quería tentar la suerte, ese dinero le serviría para pagar una deuda de juego, él que frecuenta los bajos fondos sabe que esa deuda es sagrada, si no la pagas lo haces con tu vida, él sabía muy bien eso, su mejor amigo lo habían asesinado hacía unos meses por una deuda de juego. El plan ya estaba hecho, el joven esperaría la llamada de ella para avisarle cuando venía su marido de viaje, ella le dejaría una llave del garaje de su edificio de dos plantas y allí le mataría con una pistola que ella le proporcionaría. La planta de arriba estaba vacía, sus vecinos estaban de crucero, incluso ella tenía las llaves para vigilar el piso, era un buen barrio, pero últimamente habían robado en varias casas y eso a ella le iba muy bien en este momento. En uno de sus viajes a un país Asiático consiguieron una pistola en el mercado negro, sería imposible implicarla, además no había dejado nada sin atar, incluso los posibles contratiempos, todo lo que tenía de inteligente lo tenía de perversa, una combinación letal. Llegó el día tan esperado, hizo la llamada al joven y ella esperó pacientemente, se fumó un cigarro que ella misma se hacía y saboreaba su copa de brandy como cada noche, precisamente era un día de luna llena, a ella le fascinaba la luna, todo era perfecto.

Su marido siempre tenía la costumbre de antes de entrar al garaje llamar al timbre de la puerta para decirle que subía y que le preparara la bañera, le gustaba nada más llegar darse un buen baño y tenía que estar todo a punto, era un hombre muy exigente. Todo fue como siempre, cuando el marido llegó, el joven le esperaba dentro, detrás de una columna. Nada más aparcar el coche al salir, el joven sin ningún escrúpulo le tiró dos tiros en la sien, dejándolo muerto al instante, el suelo se convirtió en un gran charco de sangre. Subió al piso para cobrar el resto de dinero, llevaba la pistola para devolvérsela a la mujer, pero antes limpió todo rastro de él en el garaje, llevaba guantes especiales para no dejar huellas. Ella le estaba esperando, le abrió y le dijo que antes de pagarle tenía que comprobar que su marido estaba muerto, el dijo que era lo normal y bajaron los dos. Después de comprobar que todo había salido perfecto subieron otra vez al piso para preparar la coartada, en esa ocasión ella bajo con unos zapatos envueltos en plásticos especiales para no dejar huellas, luego bajaría con bata y zapatillas, que era como siempre estaba a esas horas de la noche. El joven quería cobrar y salir de inmediato, pero ella le dijo que quería brindar con una copa de vino para celebrarlo y darle las gracias, él pensando en los 10.000 euros más que le había prometido, pensó que un poco más no importaba, al fin y al cabo ella era la inductora. Salió de la cocina con dos copas y le dijo que era un vino especial que solo lo bebía en ocasiones especiales. Tomaron el vino y en pocos segundos él cayó desplomado, lo había envenenado con un preparado letal, ella había estudiado farmacia y sabía muy bien de venenos. El joven todavía llevaba encima los 10.000 euros que le dio al contratarle, como vivía solo en un apartamento en un barrio marginal, no se fiaba y lo poco o mucho que tenía lo llevaba encima. Pudo recuperar todo su dinero, le salió gratis matar a su odiado marido.

Todo esto sucedió en menos de cinco minutos, no podía quedar el cadáver frío, ella sabía que los forenses son muy meticulosos a la hora de marcar la muerte en un cadáver y más si era asesinado. Solo le quedaba deshacerse del joven, lo metió en una bolsa que tenía preparada y lo llevó al piso de arriba en el ascensor.

Una vez allí como tenía las llaves, lo metió en un arcón frigorífico que tenía la vecina, sabía que estaba casi vacío, pues cuando los vecinos salían no dejaban casi nada, pues una vez se fue la luz por una gran tormenta y se les estropeo la comida, lo tenía todo súper calculado, llevaba tiempo urdiendo su plan. Así fue, lo colocó en el arcón y enseguida llamó a la policía, diciendo que al tardar su marido en subir, bajo a buscarlo y se encontró con él tendido en un charco de sangre, se asustó y subió a avisarles y que temía por su vida.

Todo salió perfecto, se deshizo del cadáver del joven al día siguiente con toda tranquilidad, mientras la policía investigaba la cruel muerte de su marido, ella dijo a la policía que le daba miedo estar sola en el piso y que se iba a casa de sus padres para preparar el funeral. Así fue, cuando llegó lo hizo de noche, antes pasó por una granja de cerdos que había muy cerca de la casa de sus padres y arrojo los trozos del cadáver del joven que antes había despedazado con una sierra eléctrica de cortar leña, la tenía escondida desde el mismo día que contrató al joven, los cerdos son uno de los pocos animales que no dejan ningún rastro de huesos.

La historia sería interminable, pero mis relatos cortos dejarían de serlo si me alargara más. Después de dos años todavía buscan al culpable, una pregunta se me viene a la cabeza, ¿No me estaré volviendo misandria yo también? espero que no…que solo sea en mi imaginación, por el bien de los que me rodean.

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2 comentarios to “La misandria”

  1. Loba Says:

    Nunca me habria imaginado eso. Muy lista, Rosa. Darle las partes del cuerpo con los huesos a los cerdos para que no dejen ni rastro. No se me habria ocurrido.

    Un beso.

    • Una virgo lunática Says:

      Una vez leí que los cerdos son los únicos animales que no dejan restos…y supe que me serviría para un relato de los míos….

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