UNIDOS PARA SIEMPRE

El día amaneció frío y encapotado, no me apetecía salir a la calle, nada me esperaba fuera, cada día era monótono, los mismos sitios, las mismas gentes, toda mi vida sin apenas salir del pueblo, mis amistades eran muy limitadas, tenía que cambiar la situación, pero como lo haría, ya pasaba de los cincuenta años y no estaba acostumbrada a situaciones nuevas, toda mi vida era gris, igual que esa mañana. Decidí que me compraría un ordenador y me conectaría a Internet, así podría relacionarme pero sin tener contacto alguno, soy muy reservada de mi intimidad, y una cosa era chatear y la otra tener que verte con la gente. Así lo hice, me compré el mejor ordenador y las conexiones más fluidas, me lo podía permitir, tenia mi vida solucionada, mis padres me dejaron una buena herencia.

Pasaron dos semanas y ya me había metido en varios foros y empezaba a chatear, todo era nuevo para mí, cada día miraba mi correo, como una adolescente que esperaba noticias de su novio, hasta que un día todo cambió, empecé a chatear con un hombre de poco más de sesenta años, parecía que teníamos gustos parecidos, comenzamos a intimar, nos separaban tres mil kilómetros y creía que no nos veríamos nunca, por primera vez me podía mostrar tal como era sin el agobio de vernos, era una relación muy cómoda para mí, pero para él no era suficiente.

Ya llevábamos cuatro meses cuando me dijo que quería verme, ya nos habíamos visto por foto, como yo pensaba tener solo relación por Chat, jamás pensé que un día le interesara conocerme en persona, eso me aturdió, no me hacía gracia la idea, intenté que se volviera atrás, pero no hubo manera, tenía pensado venir a verme. Yo como era inexperta en todo lo referente a Internet, le dije el nombre del pueblo y el lugar donde vivía, que era la plaza mayor, y con lo pequeño que era esto, enseguida me localizaría.

Había llegado el día, estaba muy nerviosa, como no quería que los vecinos se enteraran de nada, quedamos en el pueblo de al lado, allí podría pasar desapercibida y no daría que hablar, en un sitio tan pequeño, los rumores son como la prensa de cada día. Ese día me levanté muy pronto, fui a la peluquería, me puse un traje chaqueta que ni siquiera había estrenado, se me acumulaba la ropa nueva, había estado años sin ilusión para lucir nada, hoy era diferente, tenía una cita, una de las pocas que había tenido en mí vida.

Allí estaba, nerviosa, me iba a encontrar con un hombre que había recorrido tantos kilómetros para conocerme. Antes que le dijera nada, me hizo una señal con la mano, le había dicho el color del traje y no había nadie más con ese color, era un rojo fuerte, no sé como me lo puse, me sentía ridícula, bajó del coche nos dimos un beso en la mejilla y nos fuimos a una cafetería. El se llama Fred, mí nombre no tiene importancia.

La primera impresión fue estupenda, un hombre atractivo, elegante y con don de gentes, que más podía pedir, después de tantos años de no salir con nadie, para mí era como una aventura que no sabía donde me llevaría. Le busqué un hotel allí mismo, pensé que así en el pueblo no se enterarían de nada, estaba harta de comentarios, sabía que si lo llevaba al pueblo, no me dejarían tranquila. Se instaló y nos despedimos hasta el día siguiente, volví a casa ilusionada, lo único que me entristecía, era que no tenía a nadie de confianza para contarle lo que me estaba pasando, me acosté pronto, me esperaba un día lleno de emociones, habíamos quedado en el hotel y de allí nos iríamos de compras, quería regalarme algún detalle, después a comer a un restaurante y para rematar el día veríamos una obra de teatro.

Amaneció un día soleado, me sentía más joven que nunca, con una vitalidad que hacía tiempo no había sentido, no era para menos, me gustaba y creo que yo a él, todo era como un sueño y no quería despertar. Cogí el coche y me dirigí al hotel, había una hora escasa, de momento no me apetecía que viniera a mi casa, sí la cosa no iba bien nadie se enteraría y todo volvería a ser como antes.

Pasemos un día estupendo, todo salió como estaba planeado, cuando regresábamos, a media hora de camino al hotel, en unos descampados junto la carretera, un joven pidió que parásemos un momento, que se le había estropeado el coche y estaba alojado en el hotel donde estaba Fred, dijo que había reconocido su coche, paremos y en ese momento el joven sacó una navaja y nos amenazó, diciendo que le diéramos todo lo que llevásemos encima, yo precisamente me había puesto unas joyas muy caras de brillantes, más las tarjetas de crédito y quinientos euros, Fred, llevaba más, no le gustan las tarjetas, precisamente le comenté en la comida, que era peligroso ir con tanto dinero encima. Fred, en ese momento de confusión y nerviosismo, saco una pistola de su bolsillo trasero y en el forcejeo se disparó, yo me quedé sin habla, no sabía si había alguien herido, en ese momento el joven cayó al suelo, nos miremos y le tomemos el pulso estaba muerto, se había disparado el arma sin querer y la bala había ido directa al corazón. El joven seguramente le venía siguiendo atraído por el coche, incluso Fred piensa que lo vio repostando gasolina en un área de servicio en la que hizo una parada para comer. En cinco minutos nuestras vidas habían cambiado, teníamos un muerto a nuestros pies y había que hacer algo, para que todo volviera a la normalidad. Fred no tenía la pistola registrada, se hizo con una, porque años atrás le atracaron.

Decidimos dejar el cadáver allí mismo, empezaba a llover y teníamos que regresar al hotel para tener una coartada, por sí acaso nos relacionaban con él. Esa noche llovió como nunca, para nosotros iba estupendo, borraría cualquier huella de neumáticos aunque eso no nos preocupaba, era el único camino para entrar al pueblo, de día era una carretera muy transitada.

Yo me fui a mí casa como era costumbre, él se quedó en el hotel, como hizo el primer día, se tomó una copa en la barra y se despidió del camarero hasta el día siguiente, nosotros quedamos en el hotel después de desayunar, teníamos que procurar que nos vieran con toda normalidad, ese día nos quedamos a comer, cuando estábamos tomando el café, vino un cliente del hotel diciendo que habían encontrado a un joven muerto en un lado de la carretera y que habían encontrado su coche muy cerca del cadáver, detrás de unos árboles, al decir el modelo del coche, el encargado del hotel llamó a la policía para decir que el joven había estado alojado allí. Lo tenía todo planeado, nos pensaba robar, coger su coche y desaparecer, puesto que ya había pagado su estancia en el hotel. Nos miremos, comentemos lo normal cuando sucede algo así, sabíamos que la policía vendría a hablar con todos los clientes, era lo lógico, teníamos que coincidir en todo, estuvimos toda la tarde juntos hasta que llegó la policía para hacer las preguntas de rigor, todo fue perfecto, luego nos enteremos que el joven había estado en prisión por varios atracos y siempre de la misma forma.

Fred se quedó toda la semana que había reservado y todo volvió a ser como antes. Nuestra relación fue avanzando hasta el día de hoy, no estamos casados, cada uno vive en su casa, nos seguimos viendo varias veces al año, pero tenemos un secreto en común que nos ha unido para siempre.

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2 comentarios to “UNIDOS PARA SIEMPRE”

  1. Carmen Says:

    Una buena historia que me hace pensar que a veces a las personas, como dijo Borges, no nos une el amor sino el espanto.

  2. Loba Says:

    Impactante e increible

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