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EL DIFUNTO MARIDO

enero 20, 2009

Estaba durmiendo placidamente, cuando de repente la puerta se abre y entra una ráfaga de aire, pensé, que raro se habrá abierto alguna ventana, era difícil porque siempre ponía el seguro, no lo dudé y me levanté para comprobar. Baje a la planta de abajo y todo estaba cerrado, no le di más importancia y me acosté de nuevo, eran las tres de la madrugada. A la noche siguiente vuelve a pasar lo mismo, se abre la puerta y esta vez el aire es caliente, pensé que soñaba, pero no, estaba despierta, vivo sola desde que mi marido murió hace dos años, todavía no me he repuesto, llevábamos muchos años juntos y lo sigo echando de menos. Estaba sorprendida puesto que esta situación no me daba miedo, no le conté a nadie nada, siempre he sido una persona muy intuitiva y sabía que estaba a salvo de cualquier mal.

Fueron pasando los días con sus noches y pasó algo especial, una de las noches se abrió la puerta y una luz se dirigió a el armario donde tengo la ropa de mi marido, todavía no me había desprendido de ella, no encontraba el momento, cuando se abrió una puerta del armario, se cayó una chaqueta que a mi marido le gustaba mucho, se la regalé por el último cumpleaños, sin pizca de miedo, la recogí del suelo y la abracé todo lo fuerte que pude, todavía llevaba su olor, me la puse y seguí durmiendo con ella.

A partir de ese día ya no se abrió más la puerta, pero tenia la sensación que él estaba allí, le contaba todo lo que me pasaba, fue pasando el tiempo y él seguía a mi lado, yo no le veía, pero no hacia falta, su presencia estaba en todas partes, su olor inconfundible me acompañaba por toda la casa.

Pasaron seis años y una amiga me presentó a su hermano que también había enviudado hacía un año, primero salimos como amigos, pero poco a poco nos dimos cuenta que nos sentíamos atraídos, hasta el punto que decidimos dar el paso de vivir juntos, teníamos todo previsto para la boda, la noche antes se volvió a abrir la puerta, estaba dormida, era él, me despertó con un beso y me dijo que ya no volvería más, que había encontrado un buen hombre, que me haría feliz y me cuidaría toda la vida, y el ya no tenía que velar por mí.

Así fue me casé y soy tan feliz como lo fui con el, no se ha vuelto a abrir la puerta, pero yo sé que está con nosotros. Cuando me casé por segunda vez, di toda la ropa a los necesitados, menos la chaqueta suya que me ponía para dormir, la guardé en una caja en el altillo, pero cada día me la encontraba por cualquier sitio de la casa, tantas veces la guardaba, tantas veces volvía a aparecer, he llegado a la conclusión que quiere que me la ponga, yo he pensado otra cosa, como está muy nueva, la envolveré en un papel de fantasía y se la regalaré a mi marido para su cumpleaños.

Pasaron las semanas y llegó el día de su cumpleaños, le dije, toma este regalo  a ver sí te gusta, lo abrió y me contestó todo extrañado, que casualidad se parece mucho a una chaqueta que intento ponerme todos los días y tienes la manía de guardarla en el altillo, me quedé por unos momentos aturdida, siempre creí que era mi difunto marido el que ponía la chaqueta por todos lados, me reí, le di un beso y en ese momento supe que tenía que olvidar el pasado y vivir el presente. La chaqueta sigue en el altillo, lo mismo que mis recuerdos.

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