Las setas venenosas

Hacia un día precioso, el sol asomaba tímido, estábamos en abril y por fin íbamos a llegar a la casa que siempre quisimos, apartada de la ciudad, en una urbanización llena de árboles, parecía el paraíso que tanto se describe en las novelas. El camión de mudanzas venía detrás de nosotros, iba a ser un día muy trabajoso, pero todo lo bueno requiere un esfuerzo.

Estábamos rendidos, pero por fin estábamos en nuestro hogar, era un sacrificio el que íbamos hacer, separándonos de nuestros amigos y la comodidad de tenerlo todo a mano, aquí iba a ser muy distinto, pero estar en medio del bosque era lo que siempre habíamos soñado. Pensábamos tener hijos y criarlos en un medio más adecuado para ellos, alrededor teníamos los mejores colegios de la zona, por lo tanto, lo principal estaba cubierto, además nuestros trabajos, somos agentes de seguros, un trabajo liberal, de manera que desde casa podíamos atender a nuestros clientes, y las visitas a domicilio se desplazaría uno de los dos, lo teníamos todo pensado, no podía fallar nada, o eso creíamos.

Al lado nuestro, por la parte trasera del jardín, hay otra casa, que parecía vacía, nos habían dicho en la inmobiliaria que solían estar de viaje. Pasaron dos semanas y vivíamos como en una nube, sin ruidos, sin polución, que más se podía pedir, éramos unos privilegiados.

Una noche nos despertó unos ladridos terribles, parecía que venían de la casa de al lado, pero durante el día no habíamos visto nada, pensamos que habían venido por la madrugada, no pudimos dormir en toda la noche, acordemos que era mejor ir por la mañana a ver que pasaba, no era normal esos ladridos, parecían de varios perros adultos.

Allí estábamos en la puerta de los vecinos, tocamos el timbre y al cabo de un buen rato salió una pareja de jóvenes que parecían sacados de un relato de terror, el pelo de varios colores y llenos de tornillos por toda la cara, abrieron solo un momento y entornaron la puerta, pero lo que vimos nos dejó helados, tenían por lo menos diez perros y de los llamados peligrosos, los tenían sueltos y tuvimos que cerrar nosotros mismo la puerta para que no se nos tiraran encima. Pedimos explicaciones, pues nos habían dicho que los propietarios estaban de viaje, se hicieron los locos y nos mandaron a nuestra casa de malas maneras, amenazando que abrirían la puerta y los perros serían los que nos echaran de allí.

Llamemos a la inmobiliaria contando lo sucedido y se nos quitaron de encima, diciendo que no tenían contacto alguno con los propietarios, que esa casa la habían vendido varias veces y no había sido su agencia, y nada más sabían que estaban muchos meses fuera, que si nos molestaban que los denunciáramos a la policía, pensamos que sería cuestión de unos días, pero pasaban las semanas y aquello no se solucionaba, teníamos que hacer algo. Cada noche lo mismo, esos ladridos indescriptibles, que parecían que te taladraran el cerebro, de día había más o menos silencio, pero a las noches el paraíso que nosotros creímos encontrar se transformaba en lo más horrible que podíamos imaginar, además no queríamos ir a denunciarlos porque teníamos miedo de las represalias, no eran buena gente.

Un día que salimos a dar una vuelta por el campo, encontramos unas setas venenosas, y pensamos que con un poco de ellas se podía envenenar a una familia entera, nosotros éramos pacíficos hasta ese momento, pero ya no podíamos más, nos habíamos convertido en personas irritables y con sed de venganza, nos estaban destrozando las ilusiones que habíamos puesto en esa casa, además, no podíamos volver, lo habíamos invertido todo en ella. Empezamos envenenando a los perros, les tirábamos comida rellena de las setas venenosas y fueron muriendo uno a uno, hasta que solo quedaron la pareja de jóvenes, ellos creían que como salían sueltos por el bosque habían comido algo venenoso, como la mayor parte del tiempo estaban drogados, no se enteraban de nada de lo que pasaba allí, a nosotros ya nos iba bien, estábamos a punto de que la paz volviera a nuestra casa.

Los jóvenes, muchas veces se ponían sentados en su porche, fumando porros y bebiendo hasta la saciedad, era un espectáculo que nosotros no íbamos a tolerar más. Cuando se fueron a dormir, siempre dejaban las botellas vacías y medio llenas, por encima de la mesa, incluso en las escaleras, todo era un desorden descomunal.

Entramos por la parte de atrás del jardín y cogimos una de las botellas de vino negro, y la acabamos de llenar con el jugo de las setas venenosas, sería infalible. A la mañana siguiente, los jóvenes salen y hacen lo de cada día, se sientan y empiezan a beber, nosotros estamos detrás de las cortinas esperando que se beban la botella de vino negro, parecía que no iba a llegar el momento, pero llegó, bebieron como cosacos, se quedaron dormidos, púes pusimos somníferos, para que no pudieran pedir auxilio a nadie con el teléfono, dejamos pasar una hora y cogimos unas palas, para enterrarlos como era debido, los llevamos bien lejos de la casa, en una zona pantanosa, incluso estaba prohibido el paso , por lo peligrosa que era, no teníamos que dejar rastro, todo tenía que volver a la normalidad del principio.

Pasaron los meses y todo fue calma y tranquilidad, hasta que oímos ruidos de un camión de mudanzas, habían vendido la casa, y venían nuevos vecinos, un matrimonio con tres hijos adolescentes y tres perros enormes, pensamos, otra vez problemas, todo dependerá de si ladran mucho o no, no creen ustedes…..

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4 comentarios to “Las setas venenosas”

  1. Mariana Says:

    Muy buena tu historia. FELIZ AÑO y nos estamos leyendo pronto.

    http://gymbrainstorming.blogspot.com/

  2. DEA Says:

    Voy a pensar en tener un pequeño cultivo de este tipo de setas no vaya a ser que algún día tenga problemas parecidos. Gracias por la historia y mucha suerte para el 2009. besos 🙂

  3. Aleman56 Says:

    Buen trabajo, maravillosamente concevido e inteligentemente seleccionado para tus lectores.
    Llegue desde quieroquemeleas y estoy feliz de haber encontrado un muy buen sitio de literatura, hecho más con el corazón (como me gusta) que con los tecnisismos típicos de los exquisitos del idioma y de la prosa, pero con la frialdad de todo lo que se involucre lo técnico.
    Buena vida para ti, buena musa para tu alma.

    Juan Alberto Guttlein
    Un abrazo bien argentino para ti y para los tuyos.

  4. Loba Says:

    Muy buena la historia. Parecían que les daba igual matar o no matar. Ahora, las malas personas eran en lo que se habian convertido ellos.

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