El viaje

Era un viaje planeado desde hacia muchos meses, nuestro destino era Fátima en Portugal, desde pequeña me hacía ilusión ir, y ahora con mi marido jubilado era el momento ideal, fuimos en autocar, es mucho más cómodo para nosotros. El autocar iba completo éramos 53 personas contando chofer y guía, lo más pesado fueron los 1300 kilómetros que nos separaban de casa, el viaje fue perfecto a medio camino cambiemos de chofer, hicimos las paradas correspondientes obligatorias y llegamos a destino pasadas las 20 horas de carretera, agotados pero felices.

Nos alojemos en el hotel que estaba en el mismo centro de Fátima, es un pueblo peculiar, todos los comercios tienen que ver con la religión y el milagro de Fátima. Todos los días teníamos un recorrido de varias horas, fuimos a Estóril, Coimbra, Lisboa, Oporto, en fin recorrimos Portugal de arriba abajo. Cada día encontrábamos un rato para visitar la basílica, museos y todo lo que rodea Fátima, para nosotros todo fue mágico e impresionante, no somos de ir a misa, aunque lo respetamos, pero tenemos nuestras creencias y a partir de esos días algo nos acompañara siempre, porque mí marido y yo vivimos una experiencia que nunca hemos contado a nadie, solo a nuestro hijo y ahora se la contaremos a ustedes.

Dos días antes de volver vimos algo extraordinario, nosotros estábamos sentados en la segunda fila detrás del chofer, siempre procuramos reservar el viaje con tiempo para coger los primeros asientos, tenemos más panorámica y así yo no me mareo. Hacía rato que la vista se me iba para el vidrio delantero del autocar, a la derecha del chofer, había tres caras juntas en vertical, una de un niño y las otras dos de dos niñas, pensé que era mi imaginación, se lo comenté a mi marido en un tono bajo para que los demás pasajeros no nos oyeran, no podía ser que estuviera viendo eso. Mí marido miró y no quería creerlo tampoco, pensemos que era nuestra imaginación, nadie se había dado cuenta, ni siquiera la guía que iba delante, no podía ser, lo dejemos pasar y regresemos al hotel, pero era muy raro que los dos viésemos lo mismo.

Esa noche estuvo lloviendo, al día siguiente regresábamos a casa, después de desayunar bajemos con las maletas y vimos al conductor limpiar los vidrios delanteros por dentro y por fuera, no se nos iba de la cabeza lo que vimos, pensemos que ya no habría nada después del esmero con que limpiaba. Nos pusimos de camino y comenzó a llover con fuerza y una niebla que no se veía nada, el chofer iba con mucha precaución, las carreteras no eran demasiado anchas, nada más cabían dos coches uno en cada sentido, íbamos tensos no se oían la risas y chistes de otros días, la cosa no estaba para muchas fiestas y no queríamos distraer al chofer.

Volví a mirar al vidrio delantero con prudencia, yo misma me decía que no habría nada, pero estaban allí, otra vez, nos querían decir algo, toque a mi marido con el codo y le señalé al vidrio, no podía ser, el chofer había estado limpiando a conciencia, en ese momento todos los pasajeros íbamos pendientes de la circulación, no se veía nada era angustioso, el chofer dijo que no podía parar, estaba en una carretera de doble sentido y no había sitio para poder hacerlo. Es una carretera que van muchos camiones pesados, como estábamos sentados tan cerca del chofer vimos que un coche en sentido contrario estaba adelantando a un camión y se nos venía encima, peguemos un grito todos los de delante incluida la guía, el chofer decía, pero donde va este loco vamos a chocar, en ese momento el chofer giró un poco el volante, no podía hacerlo demasiado, no había espacio y como un milagro pudo pasar, se hizo un silencio total y arranquemos con un aplauso dando las gracias al chofer..

Mi marido y yo nos miremos con una complicidad de saber que aquello había sido un milagro. Durante la parada de la comida, todos los pasajeros comentaban que había sido milagroso salir sin daños, hasta el mismo chofer de muchos años de experiencia decía que jamás se encontró en una situación igual, que no había espacio suficiente para maniobrar, que no sabe como no pasó nada, nosotros sí lo sabemos pero son cosas que no todo el mundo puede entender o quizás haya gente más cerrada para estos temas. Se me olvidó decir que cuando lleguemos a Fátima me compré la típica pulsera que mucha gente tenemos, en todo el viaje la llevé y sigo haciéndolo, la prefiero a cualquier joya o brillante, con esto no quiero decir que la persona que tenga fe sea mejor que otra, lo que hace falta es que seamos íntegros, es una palabra que para nosotros tiene mucho significado.

Les recomiendo este viaje, a nosotros nos ha cambiado la vida para mejor y además tiene unos paisajes extraordinarios.

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3 comentarios to “El viaje”

  1. Loba Says:

    ¡Seguro que el viaje esta buenísimo! ¿Tú as ido alguna vez?
    Que imaginativa eres… no me lo esperaba, la verdad.

    Un fuerte abrazo.

  2. Loba Says:

    Seguramente… la verdad, me gustaria ser tu. Viajar, conocer gentes y sitios nuevos…. no hay nada mejor que la diversión para no envejecer, o eso dicen 😉

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