El destino

Carmen pasaba de los cincuenta, el tiempo iba dejando su huella, no solo en su piel, también en su alma, no le quedaba demasiado tiempo, le habían diagnosticado una enfermedad que poco a poco la iría dejando imposibilitada, con suerte en una silla de ruedas. Se había puesto una meta, viajar y conocer gente como ella, con sus mismos problemas y con ganas de aferrarse a la vida, pensó que navegaría por Internet y encontraría lo que buscaba.

Pasaron dos meses y la búsqueda se hacía difícil, había contactado con varias personas, pero al final no tenían casi nada en común y ella necesitaba que su corazón le dictara la persona compatible con ella, era romántica de naturaleza y quería vivir ese tiempo con gran ilusión, la que le faltó anteriormente, tuvo una niñez triste, su novio de toda la vida murió en un accidente de tráfico y nunca quiso tener otra relación, vivía sola y tenía suficiente dinero para disfrutar el tiempo que le quedara.

Un día miro su correo electrónico y vio que tenía un mensaje diferente, era una mujer de su misma edad llamada Irene, se puso en contacto y quedaron en verse, solo estaban a tres horas en coche. Llegó el día, quedaron en un punto neutro para las dos, en una cafetería que estaba en una gran superficie comercial, allí estaban las dos, una enfrente de la otra, se saludaron con un beso en la mejilla y se sentaron en una mesa, la primera impresión fue buena, enseguida se pusieron a hablar de su niñez, adolescencia y de repente se encontraron en su madurez.

Volvieron a verse varias veces más, incluso en los domicilios de ambas, pasando fines de semana, hasta que llegó el momento de planear el viaje de sus vidas, así fue, decidieron que irían a la India, querían bañarse en su río y andar por sus calles, mezclándose con las gentes de allí. Se instalaron en un hotel sencillo, podían pagarse el mejor hotel, pero decidieron hacer unos donativos en un centro de gente que no tenía lo más básico, era un grano de arena en el desierto, pero allí lo que a nosotros nos parece poco, sirve para pasar una familia varios meses.

Pasaban los días y la compenetración iba en aumento, ninguna de las dos pensó que el viaje lo haría con otra mujer, siempre pensaron que lo harían acompañadas de un apuesto hombre educado y cariñoso, pero a veces el destino te marca un camino que nunca hubieran imaginado, entre ellas surgió algo más, se sentían atraídas culturalmente y sexualmente. Ninguna de las dos se atrevía a dar el primer paso por miedo a ser rechazada, pero en el interior de ambas sabían que había algo más que amistad.

Pasó un mes y sin darse cuenta, ya estaban de regreso, su atracción no avanzó en lo sexual, era un paso muy importante y tenían que estar muy seguras del camino que tenían por delante, cada una se fue a su casa y quedaron para verse la próxima semana.

En esos días Carmen tenía revisión médica y los resultados no fueron muy esperanzadores, su enfermedad avanzaba y la conducía a una silla de ruedas en breve tiempo. Como no quería ser una carga para Irene, se fue distanciando de ella, se inventaba las excusas más estupidas, se había enamorado y no quería ser un problema. Irene sabía que Carmen estaba delicada, pero no que fuera de tal gravedad. por eso no entendía su actitud. Un buen día Irene se personó en el domicilio de Carmen, no le avisó y así no tendría excusa ninguna para no verse. La pilló tan desprevenida que tuvo que contarle la verdad, aconsejándole que se merecía otra cosa, no podía arruinar su vida cuidando de ella, cuando no se valiera por si misma. Como no le había avisado tenía la mesa camilla repleta de medicamentos, en el viaje tuvo la precaución de no tomarlos en su presencia. Irene estuvo más de una hora escuchando todos sus argumentos y le contestó que no le importaba cuidarla cuando hiciera falta, que se había enamorado de ella y quería que vivieran juntas hasta el final.

De esto hace ya cinco años, Carmen va en silla de ruedas, Irene sigue a su lado, estos cinco años de convivencia han sido los mejores de sus vidas, ninguna de ellas se dio cuenta de su sexualidad hasta que no se encontraron, la lección que han sacado de todo esto, es que no hay que tener miedo, de lo que el destino nos depare, por muy sorprendente que sea, sí hubieran sido cobardes, esta historia jamás habría sucedido, y me aseguran que están muy satisfechas del paso que dieron, sin importarles lo que pensara la gente, al fin y al cabo sus vidas solo les pertenecían a ellas.

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Una respuesta to “El destino”

  1. Loba Says:

    Muy bonito. hay gentes que piensan que la atraccion hacia el mismo sexo no existe. Es tan solo una enfermedad. Yo no pieno así, todo lo contrario, no entiendo a aquellas personas que piensan que es una enfermedad.

    Un besazo y un abrazazo.

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