La mano

Eran una pareja muy peculiar, él se veía un buen hombre totalmente dominado por su mujer, ella una mujer pequeña, desgarbada y con una mirada aterradora, era difícil  mirarle a los ojos, el perfume que se ponía hacía un olor insoportable no podías estar muy cerca de ella, y en sitios cerrados sentías nauseas, en cambio su manera de hacer te hacía dudar de todo lo demás, tenía unas formas de actuar que siempre conseguía lo que se propusiera, era como una serpiente encantadora.

Se encargaban del mantenimiento de unos apartamentos en la playa, tenían la vivienda en la misma portería, se cuidaban de cuatro escaleras, en total 80 viviendas, era un trabajo agotador en verano y tranquilo en temporada baja. Como buenos porteros estaban al tanto de todo lo que concernía a  los apartamentos, incluso de las vidas privadas de muchos de los inquilinos, ella siempre decía que saber era poder y tenía toda la razón.

Entre los vecinos habían sus guerras internas, algunos no se hablaban hacía años, otros incluso habían formado matrimonios entre ellos, la verdad era como un pequeño pueblo dentro de un recinto, también había dos piscinas y jardines que rodeaban  todo el bloque, le solían llamar el rascacielos por la altura, era el más alto del pueblo.

Un día de noviembre apareció un camión de mudanzas, iba a vaciar un apartamento que se había vendido, pues sus propietarios habían muerto en un accidente de autocar cuando regresaban de un viaje, de los muchos que hacían. Los antiguos dueños eran unas personas muy raras, no hablaban con nadie excepto con los porteros, tenían una hija que sé fue al extranjero cuando tenía 17 años y nunca más se supo de ella, ahora una vez muertos ellos, no sabíamos quién vendría a vivir, nada más se sabía que no se pudo encontrar a la hija para el entierro, la verdad es que todo fue muy precipitado, la sorpresa fue mayúscula cuando nos enteramos que los porteros habían heredado el apartamento.

El hermano de la portera era albañil y con la ayuda de ellos, iban a hacer unas reformas para sacarle un rendimiento al apartamento, pues en verano estaban muy solicitados, no era para menos, es primera línea de mar. Yo precisamente soy vecino de tabique y la verdad las obras eran muy ruidosas, incluso por las noches sacaban los escombros y se los llevaban en una furgoneta del hermano, pensé que eran tan miserables que no querían pagar unos sacos de obra para la runa, tampoco le di importancia.

Una de las veces que sacaron un saco, cayó algo al suelo, pues se ve que  el saco estaría roto, cuando se fueron me acerque y quedé horrorizado era una mano momificada, todavía llevaba un anillo en uno de sus dedos, la cogí con un pañuelo que llevaba y la subí a mi piso, la miré bien y era humana no cabía duda, nervioso la guarde en la caja fuerte y salí despavorido, de quien era y porque no habían llamado a la policía.

Yo en esos momentos pasaba una mala temporada, me había separado y tenía que pasar la pensión a mis hijos no me sobraba nada, tenía dos trabajos, pero muy mal pagados,  lo justo para vivir, no tenía dinero para tener otra relación, estaba desesperado, en esos momentos se me ocurrió ir a ver a los porteros, empecé a quejarme de lo mal que me iba y de la suerte que habían tenido ellos con la herencia., la mujer me echó una mirada de las suyas como sí me quisiera traspasar como sí se oliera algo, me dio miedo y cambié de conversación.

Pasaron los días, la mano seguía en mí caja fuerte, tenía que hacer algo, sí iba a la policía no ganaba nada pero sí les hacía chantaje podría sacar beneficio, me hice el fuerte y fui a ver a los porteros para decirles que tenía la mano y  que me imaginaba que era de la hija de los antiguos propietarios, sí me daban la mitad del piso se la entregaba y nunca diría nada pero me tenían que contar que pasó. Ella me miró y un frío recorrió todo mí cuerpo al cabo de unos minutos me contaron que habían sido los propios padres, que era una hija muy rebelde y sin querer se les fue la mano y la mataron y decidieron que la emparedarían entre dos tabiques del piso y ellos lo sabían todo, porque cuando pasó estaban presentes, incluso su hermano el albañil les ayudó.

En esos momentos quise escapar pero no pude, la portera llamó a su hermano y al cabo de pocos minutos tenía a los tres delante, ¿que me iban a hacer? estaba aterrado, ella me cogió las llaves del bolsillo del pantalón, junto tenía la de la caja fuerte, ellos lo sabían porque su hermano me había colocado la caja fuerte meses antes, yo era cazador y tenía varias armas y quería tenerlas protegidas. Mi salvo conducto no servía, ahora vería la mano y todo se habría acabado para mí.

Pasó media hora, cuando regresa con la mano y la pistola, yo les suplico, estoy aterrado, ella me mira y dice que escriba una carta de despido a mis familiares conforme no quería vivir más y además me dice que tengo suerte sí muero de un disparo, no la entiendo, ella me clava su última mirada y me dice ¿no querrás ser emparedado verdad?

Esta historia la puedo contar porqué todo fue un sueño, la mano sigue en mi caja fuerte.

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3 comentarios to “La mano”

  1. DEA Says:

    El saber es poder, pero la avaricia rompe el saco…y no el de la mano precisamente. Besos. 🙂

  2. Loba Says:

    Uf! que miedo… prefiero ir a la policia. Tal vez no gane nada, pero es lo correcto. Menos mal que no me a pasado a mi. A veces los sueños y la vida real estan relacionados.

    Un gran abrazo.

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