Archive for 30 noviembre 2008

El viaje

noviembre 30, 2008

Era un viaje planeado desde hacia muchos meses, nuestro destino era Fátima en Portugal, desde pequeña me hacía ilusión ir, y ahora con mi marido jubilado era el momento ideal, fuimos en autocar, es mucho más cómodo para nosotros. El autocar iba completo éramos 53 personas contando chofer y guía, lo más pesado fueron los 1300 kilómetros que nos separaban de casa, el viaje fue perfecto a medio camino cambiemos de chofer, hicimos las paradas correspondientes obligatorias y llegamos a destino pasadas las 20 horas de carretera, agotados pero felices.

Nos alojemos en el hotel que estaba en el mismo centro de Fátima, es un pueblo peculiar, todos los comercios tienen que ver con la religión y el milagro de Fátima. Todos los días teníamos un recorrido de varias horas, fuimos a Estóril, Coimbra, Lisboa, Oporto, en fin recorrimos Portugal de arriba abajo. Cada día encontrábamos un rato para visitar la basílica, museos y todo lo que rodea Fátima, para nosotros todo fue mágico e impresionante, no somos de ir a misa, aunque lo respetamos, pero tenemos nuestras creencias y a partir de esos días algo nos acompañara siempre, porque mí marido y yo vivimos una experiencia que nunca hemos contado a nadie, solo a nuestro hijo y ahora se la contaremos a ustedes.

Dos días antes de volver vimos algo extraordinario, nosotros estábamos sentados en la segunda fila detrás del chofer, siempre procuramos reservar el viaje con tiempo para coger los primeros asientos, tenemos más panorámica y así yo no me mareo. Hacía rato que la vista se me iba para el vidrio delantero del autocar, a la derecha del chofer, había tres caras juntas en vertical, una de un niño y las otras dos de dos niñas, pensé que era mi imaginación, se lo comenté a mi marido en un tono bajo para que los demás pasajeros no nos oyeran, no podía ser que estuviera viendo eso. Mí marido miró y no quería creerlo tampoco, pensemos que era nuestra imaginación, nadie se había dado cuenta, ni siquiera la guía que iba delante, no podía ser, lo dejemos pasar y regresemos al hotel, pero era muy raro que los dos viésemos lo mismo.

Esa noche estuvo lloviendo, al día siguiente regresábamos a casa, después de desayunar bajemos con las maletas y vimos al conductor limpiar los vidrios delanteros por dentro y por fuera, no se nos iba de la cabeza lo que vimos, pensemos que ya no habría nada después del esmero con que limpiaba. Nos pusimos de camino y comenzó a llover con fuerza y una niebla que no se veía nada, el chofer iba con mucha precaución, las carreteras no eran demasiado anchas, nada más cabían dos coches uno en cada sentido, íbamos tensos no se oían la risas y chistes de otros días, la cosa no estaba para muchas fiestas y no queríamos distraer al chofer.

Volví a mirar al vidrio delantero con prudencia, yo misma me decía que no habría nada, pero estaban allí, otra vez, nos querían decir algo, toque a mi marido con el codo y le señalé al vidrio, no podía ser, el chofer había estado limpiando a conciencia, en ese momento todos los pasajeros íbamos pendientes de la circulación, no se veía nada era angustioso, el chofer dijo que no podía parar, estaba en una carretera de doble sentido y no había sitio para poder hacerlo. Es una carretera que van muchos camiones pesados, como estábamos sentados tan cerca del chofer vimos que un coche en sentido contrario estaba adelantando a un camión y se nos venía encima, peguemos un grito todos los de delante incluida la guía, el chofer decía, pero donde va este loco vamos a chocar, en ese momento el chofer giró un poco el volante, no podía hacerlo demasiado, no había espacio y como un milagro pudo pasar, se hizo un silencio total y arranquemos con un aplauso dando las gracias al chofer..

Mi marido y yo nos miremos con una complicidad de saber que aquello había sido un milagro. Durante la parada de la comida, todos los pasajeros comentaban que había sido milagroso salir sin daños, hasta el mismo chofer de muchos años de experiencia decía que jamás se encontró en una situación igual, que no había espacio suficiente para maniobrar, que no sabe como no pasó nada, nosotros sí lo sabemos pero son cosas que no todo el mundo puede entender o quizás haya gente más cerrada para estos temas. Se me olvidó decir que cuando lleguemos a Fátima me compré la típica pulsera que mucha gente tenemos, en todo el viaje la llevé y sigo haciéndolo, la prefiero a cualquier joya o brillante, con esto no quiero decir que la persona que tenga fe sea mejor que otra, lo que hace falta es que seamos íntegros, es una palabra que para nosotros tiene mucho significado.

Les recomiendo este viaje, a nosotros nos ha cambiado la vida para mejor y además tiene unos paisajes extraordinarios.

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El destino

noviembre 28, 2008

Carmen pasaba de los cincuenta, el tiempo iba dejando su huella, no solo en su piel, también en su alma, no le quedaba demasiado tiempo, le habían diagnosticado una enfermedad que poco a poco la iría dejando imposibilitada, con suerte en una silla de ruedas. Se había puesto una meta, viajar y conocer gente como ella, con sus mismos problemas y con ganas de aferrarse a la vida, pensó que navegaría por Internet y encontraría lo que buscaba.

Pasaron dos meses y la búsqueda se hacía difícil, había contactado con varias personas, pero al final no tenían casi nada en común y ella necesitaba que su corazón le dictara la persona compatible con ella, era romántica de naturaleza y quería vivir ese tiempo con gran ilusión, la que le faltó anteriormente, tuvo una niñez triste, su novio de toda la vida murió en un accidente de tráfico y nunca quiso tener otra relación, vivía sola y tenía suficiente dinero para disfrutar el tiempo que le quedara.

Un día miro su correo electrónico y vio que tenía un mensaje diferente, era una mujer de su misma edad llamada Irene, se puso en contacto y quedaron en verse, solo estaban a tres horas en coche. Llegó el día, quedaron en un punto neutro para las dos, en una cafetería que estaba en una gran superficie comercial, allí estaban las dos, una enfrente de la otra, se saludaron con un beso en la mejilla y se sentaron en una mesa, la primera impresión fue buena, enseguida se pusieron a hablar de su niñez, adolescencia y de repente se encontraron en su madurez.

Volvieron a verse varias veces más, incluso en los domicilios de ambas, pasando fines de semana, hasta que llegó el momento de planear el viaje de sus vidas, así fue, decidieron que irían a la India, querían bañarse en su río y andar por sus calles, mezclándose con las gentes de allí. Se instalaron en un hotel sencillo, podían pagarse el mejor hotel, pero decidieron hacer unos donativos en un centro de gente que no tenía lo más básico, era un grano de arena en el desierto, pero allí lo que a nosotros nos parece poco, sirve para pasar una familia varios meses.

Pasaban los días y la compenetración iba en aumento, ninguna de las dos pensó que el viaje lo haría con otra mujer, siempre pensaron que lo harían acompañadas de un apuesto hombre educado y cariñoso, pero a veces el destino te marca un camino que nunca hubieran imaginado, entre ellas surgió algo más, se sentían atraídas culturalmente y sexualmente. Ninguna de las dos se atrevía a dar el primer paso por miedo a ser rechazada, pero en el interior de ambas sabían que había algo más que amistad.

Pasó un mes y sin darse cuenta, ya estaban de regreso, su atracción no avanzó en lo sexual, era un paso muy importante y tenían que estar muy seguras del camino que tenían por delante, cada una se fue a su casa y quedaron para verse la próxima semana.

En esos días Carmen tenía revisión médica y los resultados no fueron muy esperanzadores, su enfermedad avanzaba y la conducía a una silla de ruedas en breve tiempo. Como no quería ser una carga para Irene, se fue distanciando de ella, se inventaba las excusas más estupidas, se había enamorado y no quería ser un problema. Irene sabía que Carmen estaba delicada, pero no que fuera de tal gravedad. por eso no entendía su actitud. Un buen día Irene se personó en el domicilio de Carmen, no le avisó y así no tendría excusa ninguna para no verse. La pilló tan desprevenida que tuvo que contarle la verdad, aconsejándole que se merecía otra cosa, no podía arruinar su vida cuidando de ella, cuando no se valiera por si misma. Como no le había avisado tenía la mesa camilla repleta de medicamentos, en el viaje tuvo la precaución de no tomarlos en su presencia. Irene estuvo más de una hora escuchando todos sus argumentos y le contestó que no le importaba cuidarla cuando hiciera falta, que se había enamorado de ella y quería que vivieran juntas hasta el final.

De esto hace ya cinco años, Carmen va en silla de ruedas, Irene sigue a su lado, estos cinco años de convivencia han sido los mejores de sus vidas, ninguna de ellas se dio cuenta de su sexualidad hasta que no se encontraron, la lección que han sacado de todo esto, es que no hay que tener miedo, de lo que el destino nos depare, por muy sorprendente que sea, sí hubieran sido cobardes, esta historia jamás habría sucedido, y me aseguran que están muy satisfechas del paso que dieron, sin importarles lo que pensara la gente, al fin y al cabo sus vidas solo les pertenecían a ellas.

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Los vecinos

noviembre 24, 2008

Hacía un día infernal estaba diluviando, era mejor quedarse en casa, junto la chimenea arropados por el calor que desprendía, todo seguía su rutina, pero de pronto oímos un grito estremecedor, venía de la casa de al lado, mí mujer que estaba junto a mí, se levantó de repente, pues se había quedado un poco adormilada, siempre tiene costumbre de hacer la siesta unos minutos, dice que lo necesita para poder funcionar durante el día. Los dos estamos jubilados y aunque salimos bastante de viaje, también nos gusta estar en casa con nuestras comodidades, era la primera vez que oíamos un grito igual, precisamente nunca se les oía y eso que son casas pareadas. No sabíamos que hacer, pensemos que había sido una cosa puntual, por algún motivo que desconocíamos, y como no teníamos confianza decidimos no meternos, no hubo ningún ruido más, solamente se escuchaba de lejos la televisión como siempre, pasó el día con normalidad y nos fuimos a dormir.

Yo tengo necesidad de levantarme varias veces al baño, en una de ellas me dio por mirar al jardín, vi al vecino con una pala tapar algo, llamé a mi mujer, pero cuando se acercó a mirar ya no estaba, nos quedemos desconcertados sin saber que hacer, ellos tenían perro y siempre estaba por el jardín, nos miremos y comentemos que ya sabíamos lo que había pasado, se habría muerto el perro y el grito que oímos era de la mujer en el momento de enterarse, volvimos a la cama y no le dimos más importancia, nosotros teníamos perro y sabemos la pena que se siente cuando se mueren.

Pasaron varios días y no se veía la vecina, nos extrañó que no saliera al jardín a cuidar sus rosales, todos los días salía aunque hiciera mal tiempo, su marido se iba a trabajar como siempre, a veces estaba una semana fuera, era representante de material de construcción. Al día siguiente cuando el vecino se fue a trabajar, fuimos a ver sí su mujer estaba enferma y necesitaba algo, no nos contestó nadie, cuando volviera del trabajo iríamos a preguntar al marido, así fue nos presentamos y cuando nos abrió la puerta, nos dijo que su perro se atragantó y murió al instante y lo enterraron en el jardín y que su mujer se había ido unas semanas a casa de su hermana, que habían decidido cambiarse de vivienda y se iban a comprar una cerca de ella, de esa manera podría buscarla con tiempo, cambiarse de casa no es cualquier cosa dijo, nos quedemos conforme y nos volvimos a casa tranquilos, lo único que nos preocupaba en esos momentos es quién vendría a vivir, pues la verdad ellos como vecinos eran ideales, no se les oía y tocando los tabiques eso era estupendo.

Pasó dos semanas cuando el vecino se despide de nosotros y nos dice que ha puesto la casa en venta en una inmobiliaria y que antes haría una barbacoa de obra en el jardín, le habían dicho en la agencia que eso le facilitaría la venta. Así fue a los pocos días él mismo preparó el terreno, trajo una hormigonera, acondicionó el suelo y esperó unos días que se secara y colocó una gran barbacoa, necesitó la ayuda de varios operarios por lo pesada que era, no sería fácil moverla de sitio, la colocó donde enterró el perro, dijo que no quería que nadie plantara allí, que así descansaría para siempre. El precio de la casa era elevado púes lo mejor de ella es el jardín tan soleado, y la verdad es que con la barbacoa había ganado mucho, un buen día quitaron el cartel de venta, la habían vendido a una pareja de abogados con un niño de 5 años y un perro labrador, eran los vecinos perfectos, simpáticos, abiertos y no molestaban al contrario a veces hacíamos de canguro del niño y nos sentíamos útiles y acompañados.

Para demostrarnos agradecimiento por cuidar de su hijo, nos invitaron a una barbacoa en su jardín, aceptemos encantados, hice una gran tarta de chocolate y pasemos a su casa, todo era perfecto parecíamos una familia, de repente el perro cogíó un trozo de carne de la barbacoa y lo fue a esconder bajo tierra, tiene costumbre de guardar el trofeo, además no tenía hambre, acababa de comerse otro trozo que le habían puesto, un día era un día dijeron, púes siempre comía pienso. Como el perro tardaba mandaron al niño que fuera a ver que hacía, no querían que estropeara los rosales, en ese momento el niño y el perro volvieron, algo llevaba en la boca el animal y no era el trozo de carne de la barbacoa, era un pie humano, peguemos un grito tan fuerte que el perro del susto soltó el pie, nos quedemos un momento en silencio, al niño le dijimos que era el pie de una muñeca, ya más fríamente decidimos llamar a la policía, mientras llegaban, les comentemos las sospechas que teníamos del vecino, al verle una noche con una pala en el jardín.

Llegó la policía, acordonaron la casa y nos llevaron a la comisaría como sí tuviéramos algo que ver con los hechos, pasemos un mal rato, nosotros y los vecinos con el niño, púes se lo tuvieron que llevar, no tenían nadie cerca para cuidarle, pasó todo y regresemos a casa todos juntos, esa noche dormirían los tres en nuestra casa, hasta que pudieran ir a la suya.

Pasaron dos días, nos llamaron que fuéramos otra vez a la comisaría y nos dijeron que el cadáver era exactamente de la mujer del vecino y también estaba el perro, que habían investigado y habían encontrado también muertos a su marido y la hermana de esta en la casa de ella, y la causa era una botella de vino de unos viñedos familiares que ellos mismos embotellaban, al decir la marca se acordaron que el siempre tomaba este vino para celebraciones y su mujer era la que se encargaba de su embotellado, precisamente nos regalo una botella al principio de ser vecinos y era muy bueno y digestivo.

La policía había encontrado en el cadáver de nuestra vecina una llave de un apartado de correos, en la que encontraron una carta dirigida a su marido y hermana que decía: toda la vida he sabido que me engañabais pero erais mi única familia, fui cobarde, no tuve el valor de dejaros, mientras yo viva no os pasará nada pues tengo marcadas las botellas envenenadas, en el momento que falte necesitareis mucha suerte para sobrevivir, se que os queréis deshacer de mí, pero lo que no sabéis es que una cosa irá unida a la otra.

Los vecinos tuvieron que mover la barbacoa de sitio, el material que había traído el vecino para la base de la barbacoa, había tenido un fallo de hormigón y por eso se había movido y el perro pudo sacar el pie de la muerta, lo tenían todo tan bien planeado, que no contaron con los planes de su mujer, ahora los tres estarían juntos para siempre.

Las estudiantes

noviembre 18, 2008


Esta historia no tendría que haber pasado nunca, pero no se puede retroceder en el tiempo, éramos cuatro amigas que estábamos a punto de iniciar un viaje de fin de curso, lo único que se diferenciaba de las demás alumnas, era que nosotras lo hacíamos por nuestra cuenta, nuestros padres no lo veían bien, pero ya teníamos 17 años para 18, no tuvieron más remedio que claudicar.

Ya estábamos las cuatro en el anden del tren, esperemos unos minutos que parecieron eternos, íbamos a empezar una aventura, nos quedaban 1200 kilómetros por delante y todo eran nervios unidos con una alegría inmensa por el hecho de no estar bajo el mando de nadie, éramos libres por una semana.

Lleguemos pasadas las 11 de la noche, tomemos un vaso de leche y un croissant, ya estábamos en París, no lo podíamos creer, fuimos derechas a la cama, mañana nos esperaba un día lleno de emociones Así fue, vimos la torre Eiffel, a la noche iríamos de discoteca, teníamos ganas de conocer la noche parisina.

Todo fue perfecto, conocimos a unos chicos, la verdad eran bastante más mayores que nosotras, por lo menos tenían treinta años, había uno que me gustaba y parecería que yo a él también, la cuestión es que volvimos a quedar para el día siguiente. Mis amigas y yo estábamos encantadas, nos enseñaron la parte más gamberra de París. Todo parecía ir bien hasta el momento que nos ofrecieron fumar un porro, también llevaban cocaína, pastillas, eran como un laboratorio andante, nosotras dijimos que no habíamos fumado nunca porros ni nada por el estilo y que no queríamos saber nada de ese tema, parece que quedó claro y no nos ofrecieron más.

Habían pasado cinco días sin darnos cuenta, solo quedaba uno de estar allí, para celebrarlo nos invitaron a una fiesta en casa de uno de los jóvenes que habíamos conocido, nos pareció bien y nos pusimos la mejor ropa que teníamos. Nunca nos recogían en el hotel, por sí nuestros padres preguntaban algo, no hay que olvidar qué todavía éramos menores de edad y las reservas las tuvieron que hacer ellos, conforme nos daban el consentimiento.

Cogimos un taxi y fuimos a la dirección que nos dijeron, allí nos recogieron y nos llevaron a las afueras de París, a unos treinta kilómetros, siempre habíamos creído que la fiesta se hacía en la ciudad, no le dimos importancia. Lleguemos a una urbanización bastante solitaria, las casas estaban muy separadas entre sí, bajemos de los dos coches, nos habíamos repartido cuatro en cada uno.

La música se oía desde fuera, debía haber mucha gente, dos de ellos nos acompañaron arriba mientras los otros dos empezaron a cerrar todas las puertas. Al llegar al salón de donde salía la música vimos que no había nadie, donde estaba la gente, qué era aquello. Enseguida subieron los otros dos y al pedirles explicaciones nos dijeron que la fiesta era intima que solo éramos ocho en total, nosotras y ellos y que esperaban pasarlo muy bien, no se habían tomado tantas molestias para nada, lo tenían todo planeado, habían dejado la música puesta para que pensáramos que había mucha gente en la fiesta y así subiríamos sin sospechar nada.

Les dijimos que por favor nos dejaran salir qué no era lo que nosotras queríamos, se enfadaron mucho y nos sentaron de un empujón en un sofá viejo y sucio que apestaba, entonces vi unas cuerdas y cinta aislante y me asusté, una de mis amigas empezó a llorar, las otras no decían nada, solo nos mirábamos, la que lloraba nunca había salido con un chico, no tenía ninguna experiencia, nosotras ya habíamos tenido alguna pero consentida, esto era muy diferente.

El miedo se apoderó de nosotras, no hacía mucho habían raptado y asesinado a tres chicas, salió en todas las noticias internacionales, y el sitio del suceso era en los alrededores de París.

Nos dijeron que no nos hiciéramos las tontas que ya sabíamos porque estábamos allí, que sí nos portábamos bien no nos pasaría nada. Nosotras les supliquemos que nos dejaran marchar, qué se habían equivocado con nosotras que no diríamos nada, pero ellos empezaron a reírse sin parar a la vez que sacaban unos cuchillos de cocina, con el nerviosismo del momento a una de mis amigas le dio un ataque de epilepsia, cayó al suelo con espasmos incontrolados, dos de los hombres se agacharon a ver que pasaba, en ese momento no lo dudé, cogí un atizador de la chimenea y les aticé tan fuerte que les rompí el cráneo, con la confusión del momento nos hicimos con los cuchillos y las cuerdas y logremos atar a los otros dos, pasemos de secuestradas a verdugos.

La cosa había dado un giro de 360 grados, sin darme cuenta había matado a dos hombres y teníamos dos testigos, la policía no se creería lo que había pasado, ellos lo negarían todo, y nos acusarían, no podíamos dejarlos con vida, nos apartemos de ellos para hablar y lleguemos a la conclusión que había que eliminarlos. Como yo había matado a dos, ellas matarían a los otros dos, y así todas estaríamos implicadas y nadie se iría de la lengua.

Nos suplicaron hasta la saciedad, pero la suerte ya estaba echada y no había vuelta atrás, mis amigas los mataron de la misma manera, con el atizador. Limpiemos todas nuestras huellas con calma, teníamos toda la noche, dejemos todos los cajones y armarios revueltos como sí se tratara de un robo, el ver tantas películas de terror, me ayudaban mucho en la escena del crimen.

Limpiemos las huellas de los coches, nos pusimos guantes y nos subimos en uno de ellos y regresemos a la ciudad, lo aparquemos bien para que no llamara la atención y nos fuimos al hotel, púes al día siguiente cogíamos el tren rumbo a casa.

De camino a casa comentemos que esto sería un secreto para toda la vida, por fin ya estábamos en nuestro hogar, con nuestra vida de siempre, lo que nos quedó claro de todo esto es que si nos casábamos algún día, ninguna de nosotras iría de viaje de novios a París. De esto hace 40 años, todas nos casemos, cada una vive en una ciudad diferente y no tenemos contacto alguno, es lo mejor para todas.

El otro día mi hija que acabó los estudios, me dijo que pensaba ir a París como yo, pegué un grito de histérica y le dije que no fuera, que siempre hacía muy mal tiempo, no sé me ocurrió otra excusa mejor, a lo que ella me contestó que lo tenía decidido, quería tener mis mismas experiencias, no supe que decir, simplemente mi vista se dirigió al atizador que había junto la chimenea.

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Tánatos

noviembre 13, 2008


Tendría 8 años cuando me enteré que había muerto una vecina de mis padres, corriendo dejé de jugar y me fui detrás de la carroza mortuoria, todavía iba arrastrada por caballos, para mí era una fiesta, me colocaba a primera fila, junto el cadáver, me quedaba como hipnotizada, la verdad es que no había más niños a mi alrededor, la gente ya me conocía, era un pueblo pequeño casi todos estábamos emparentados, con el tiempo supe que mi vida siempre estaría relacionada con muertos.

Pasaron los años y terminé los estudios básicos, entonces era normal que a los 14 años te pusieras a trabajar y por la noche estudiaras, mis amigas trabajaban cuidando niños, dependientas etc., yo me fui a ayudar a una floristería, que su especialidad eran las coronas mortuorias, estaba en mi salsa, nadie de mi familia entendía que a mí me gustara ese ambiente, yo creo que se lleva en la sangre, si no que otra explicación hay, yo siempre he encontrado la muerte y todo lo que la rodea fascinante.

Ya tenía 21 años, ya podía hacer lo que quisiera, no hay que olvidar que en mi época, la mayoría de edad era a los 21, para mí fue una liberación, me independicé y entré a trabajar en una funeraria, ese día fue uno de los mejores de mi vida, con todo el respeto que hay que tener, somos lo que somos y la gente cuando fallecemos con todo su dolor lo que quieren es que todo se acabe pronto, y nosotros estamos para facilitar la tarea y además te tiene que gustar tu trabajo, así puedes llevar el día a día con normalidad.

Mí jefe era bastante tacaño a pesar de ser uno de los más ricos del pueblo, era la única funeraria que había en los alrededores, abarcaba a 9 pueblos y era una de las primeras que tenían horno crematorio. La gente poco a poco se iba acostumbrando a la incineración. Un día el horno dejó de funcionar era invierno y teníamos varios cadáveres esperando, eran ancianos, en invierno las gripes pueden con ellos. Pasaron varios días y el horno no se arreglaba, le pregunté a mi jefe que se nos iba amontonando la faena, entre nosotros el lenguaje es familiar a veces incluso se nos olvida realmente el trabajo que hacemos.

Normalmente la gente después de la despedida nos dejaba a sus muertos para incinerar, y pocos eran los que se quedaban a ver el proceso, tuvimos suerte que en esos momentos nadie se quedó y pudimos dejarlos en las cámaras frigoríficas, la cosa se iba complicando por momentos no quedaban cámaras libres y no había dinero para un horno nuevo, mi jefe había contraído unas deudas muy importantes por unos malos hábitos y lo tenía todo hipotecado.

Nada más quedaba una solución enterrarlos en el recinto de la funeraria y plantar rosales y jazmines que eran unas flores que aguantaban mucho el clima del pueblo. Así lo hicimos enterremos diez cadáveres, pero el problema seguía existiendo había que pensar otra cosa. Al cabo de unos meses vimos que las flores habían crecido mucho y eran las mejores de todo el pueblo, ya teníamos la solución, mí jefe tenía una máquina especial para triturar maderas y ramas secas, íbamos a tener mucho trabajo por delante, teníamos que desenterrar todos los cadáveres y triturarlos para conseguir el tan preciado abono, luego envasarlo y ponerlo a la venta.

Como todo nos iba muy bien, tuvimos que colocar a nuestra familia a trabajar con nosotros, ya teníamos dos empresas, la funeraria y la fabrica de abono para plantas y cultivos. De esto ya han pasado 20 años, somos la empresa familiar mas productiva de toda la comarca, en estos momentos trabajamos 30 personas entre padres, hijos y nietos mi jefe ya no lo es, ahora somos propietarios por igual, somos como un matrimonio, pero a nosotros la muerte nos ha unido para siempre.

La mano

noviembre 10, 2008

Eran una pareja muy peculiar, él se veía un buen hombre totalmente dominado por su mujer, ella una mujer pequeña, desgarbada y con una mirada aterradora, era difícil  mirarle a los ojos, el perfume que se ponía hacía un olor insoportable no podías estar muy cerca de ella, y en sitios cerrados sentías nauseas, en cambio su manera de hacer te hacía dudar de todo lo demás, tenía unas formas de actuar que siempre conseguía lo que se propusiera, era como una serpiente encantadora.

Se encargaban del mantenimiento de unos apartamentos en la playa, tenían la vivienda en la misma portería, se cuidaban de cuatro escaleras, en total 80 viviendas, era un trabajo agotador en verano y tranquilo en temporada baja. Como buenos porteros estaban al tanto de todo lo que concernía a  los apartamentos, incluso de las vidas privadas de muchos de los inquilinos, ella siempre decía que saber era poder y tenía toda la razón.

Entre los vecinos habían sus guerras internas, algunos no se hablaban hacía años, otros incluso habían formado matrimonios entre ellos, la verdad era como un pequeño pueblo dentro de un recinto, también había dos piscinas y jardines que rodeaban  todo el bloque, le solían llamar el rascacielos por la altura, era el más alto del pueblo.

Un día de noviembre apareció un camión de mudanzas, iba a vaciar un apartamento que se había vendido, pues sus propietarios habían muerto en un accidente de autocar cuando regresaban de un viaje, de los muchos que hacían. Los antiguos dueños eran unas personas muy raras, no hablaban con nadie excepto con los porteros, tenían una hija que sé fue al extranjero cuando tenía 17 años y nunca más se supo de ella, ahora una vez muertos ellos, no sabíamos quién vendría a vivir, nada más se sabía que no se pudo encontrar a la hija para el entierro, la verdad es que todo fue muy precipitado, la sorpresa fue mayúscula cuando nos enteramos que los porteros habían heredado el apartamento.

El hermano de la portera era albañil y con la ayuda de ellos, iban a hacer unas reformas para sacarle un rendimiento al apartamento, pues en verano estaban muy solicitados, no era para menos, es primera línea de mar. Yo precisamente soy vecino de tabique y la verdad las obras eran muy ruidosas, incluso por las noches sacaban los escombros y se los llevaban en una furgoneta del hermano, pensé que eran tan miserables que no querían pagar unos sacos de obra para la runa, tampoco le di importancia.

Una de las veces que sacaron un saco, cayó algo al suelo, pues se ve que  el saco estaría roto, cuando se fueron me acerque y quedé horrorizado era una mano momificada, todavía llevaba un anillo en uno de sus dedos, la cogí con un pañuelo que llevaba y la subí a mi piso, la miré bien y era humana no cabía duda, nervioso la guarde en la caja fuerte y salí despavorido, de quien era y porque no habían llamado a la policía.

Yo en esos momentos pasaba una mala temporada, me había separado y tenía que pasar la pensión a mis hijos no me sobraba nada, tenía dos trabajos, pero muy mal pagados,  lo justo para vivir, no tenía dinero para tener otra relación, estaba desesperado, en esos momentos se me ocurrió ir a ver a los porteros, empecé a quejarme de lo mal que me iba y de la suerte que habían tenido ellos con la herencia., la mujer me echó una mirada de las suyas como sí me quisiera traspasar como sí se oliera algo, me dio miedo y cambié de conversación.

Pasaron los días, la mano seguía en mí caja fuerte, tenía que hacer algo, sí iba a la policía no ganaba nada pero sí les hacía chantaje podría sacar beneficio, me hice el fuerte y fui a ver a los porteros para decirles que tenía la mano y  que me imaginaba que era de la hija de los antiguos propietarios, sí me daban la mitad del piso se la entregaba y nunca diría nada pero me tenían que contar que pasó. Ella me miró y un frío recorrió todo mí cuerpo al cabo de unos minutos me contaron que habían sido los propios padres, que era una hija muy rebelde y sin querer se les fue la mano y la mataron y decidieron que la emparedarían entre dos tabiques del piso y ellos lo sabían todo, porque cuando pasó estaban presentes, incluso su hermano el albañil les ayudó.

En esos momentos quise escapar pero no pude, la portera llamó a su hermano y al cabo de pocos minutos tenía a los tres delante, ¿que me iban a hacer? estaba aterrado, ella me cogió las llaves del bolsillo del pantalón, junto tenía la de la caja fuerte, ellos lo sabían porque su hermano me había colocado la caja fuerte meses antes, yo era cazador y tenía varias armas y quería tenerlas protegidas. Mi salvo conducto no servía, ahora vería la mano y todo se habría acabado para mí.

Pasó media hora, cuando regresa con la mano y la pistola, yo les suplico, estoy aterrado, ella me mira y dice que escriba una carta de despido a mis familiares conforme no quería vivir más y además me dice que tengo suerte sí muero de un disparo, no la entiendo, ella me clava su última mirada y me dice ¿no querrás ser emparedado verdad?

Esta historia la puedo contar porqué todo fue un sueño, la mano sigue en mi caja fuerte.

Mi abuela

noviembre 5, 2008

Esta es una historia real para el que la quiera creer y mística para los demás, para mí es real púes yo soy la protagonista. Yo nací en una familia tradicional hace 50 años en la que todos tenían cabida, los abuelos eran los que ayudaban a criar a los nietos, igual que ahora, lo único que cambiaba es que una gran parte de ellos sobretodo cuando se quedaban viudos iban a vivir con uno de sus hijos, más bien hijas sí las había.

Mí abuela materna era viuda de guerra como otras muchas y siempre vivió con nosotros, los otros abuelos todavía vivían los dos y estaban en su casa, por lo tanto tenía mucho más roce con ella, incluso compartíamos habitación no como ahora que la mayoría tiene la suya propia, pensándolo bien jamás he dormido sola, salí de mí casa para casarme y sigo igual por suerte, me gusta la soledad a ratos pero no la soledad impuesta por alguna desgracia.

Hace por lo menos 15 años de esto y siempre me acompañará. Estaba durmiendo un mes de enero hacía bastante frío, había nevado recuerdo que era el 21 santa Inés, el nombre de mí abuela precisamente, noté como me estiraban del pié derecho con tanta fuerza que me desperté, no sentí miedo pero no le dije nada a mí marido porque pensé que era un sueño.

Pasaron los días y cada vez era más fuerte el tirón, me desperté abrí la luz y se lo conté a mí marido, me dijo que me calmara que habría sido un sueño, yo sabía que no pero que le iba a decir, me tomaría por loca, me volví a dormir y no comente nada más, aguantaba los tirones yo sola y no tenía miedo pero necesitaba contárselo a alguien que supiera de estos temas, pero a quién, no quería que nadie se riera de mí.

Paseando por la Avenida Gaudí de Barcelona me enteré que había una reunión de meigas, mediums,etc cada año la hacen en un sitio diferente, era gratis y decidí entrar, iba sola y nunca había estado en un sitio así. Entré, me recibieron con una rosa de Jericó y me hicieron sentar, era una sala enorme y estaba repleta. Me sentí un poco fuera de lugar hablaban en varios idiomas, había francesas inglesas y sobre todo gallegas.

Como no quería estar mucho tiempo les dije que solo quería hacerles una pregunta pero que no se rieran de mí. Les conté los tirones del pié y dijeron que era una cosa muy normal que era una persona que había estado muy pegada a mí y sé quería comunicar conmigo. En esos momentos me acordé de mi abuela y que el primer día que noté aquello era el día de su santo, les dije que el último pensamiento siempre era para ella, púes tengo una foto en mí habitación y la veo constantemente. Me dijeron que a partir de ese mísmo momento, ya no me tiraría del pié púes su mensaje había llegado y ella descansaría en paz, me quedé tranquila al ver que nadie se rió de mí, llegué a casa con la rosa y le conté todo a mí marido, me miraba incrédulo a la vez que me comprendía, púes él sabe que tengo premoniciones que se cumplen y él las ha vivido conmigo.

Desde aquel día no me ha vuelto a tirar del pié, mi abuela siempre me decía, qué no había que tener miedo de los muertos, pero sí de los vivos, bueno os dejo que todavía no le he dado las buenas noches, y me está esperando a los pies de mi cama.