Las empanadillas

La mañana era fría, estábamos bajo cero, había nevado la noche anterior, la hora de abrir la carnicería había llegado, después de un mes de reformas era hora de hacer una nueva inauguración, estaban invitados todos los vecinos, quería que fuese un acontecimiento por todo lo alto, no escatimé en nada, bebidas y canapés de los mejores, pero el plato estrella eran las empanadillas de carne, no había mejores en todo el valle.

Según pasaron los días la clientela se fue agrandando, incluso de otros pueblos se acercaban a comprar las empanadillas, no dábamos a basto mi mujer y yo. Ella es sordomuda de nacimiento y el único contacto que tiene es conmigo, se cuida de la elaboración de los productos, yo soy él que está en la tienda en contacto con los clientes, ahora no teníamos problemas de espacio, habíamos hecho un gran congelador que ocupaba buena parte del almacén, además la vivienda estaba en la parte de arriba, todo quedaba en casa, incluso las casas de los lados eran nuestras, estaban algo ruinosas, pero a nosotros nos iban muy bien, sobre todo cuando venía con la furgoneta cargada de carne, hay veces que traía mas de 500 kilos, no era cuestión de hacer más viajes de la cuenta, púes a veces quedábamos aislados algunos días por las nevadas.

Nuestra vida seguía monótona hasta que un día pasó algo que me dejó desconcertado, habían decidido cambiar el cementerio de lugar, y ponerlo mucho más lejos, querían hacer unas pistas de esquí, pues así el valle se llenaría de gente y daría mucho dinero al pueblo.

Así fue, llegaron las máquinas excavadoras, más de 50 empleados, en menos de dos meses trasladaron el cementerio, nosotros quedábamos los más apartados y con unas carreteras muy peligrosas imposibles de transitar, el alcalde dijo que pondría un servicio especial para los funerales y visitas pero no podríamos ir por nuestra cuenta por el riesgo que corríamos, además el camino al cementerio estaría cortado mientras no hubiera entierros.

Nos habíamos quedado sin carne, ni cementerio que nos la suministrara, estaba desesperado, era mi vida, siempre había hecho lo mismo, es una costumbre que heredé de mis padres y ellos de los suyos, que podía hacer, ni siquiera lo podía hablar con mi mujer, pues ella no sabía nada, la carne se la daba triturada a punto de hacer las empanadillas. Pasaron los días y meses y mis empanadillas dejaron de gustar, había perdido clientela, tenía que recuperar mi reputación y volver a ser como antes, el más envidiado del valle.

El valle se llenaba de gente todos los domingos, excursionistas, senderistas solitarios incluso mendigos, pues se había corrido la voz que los que venían a esquiar daban buenas propinas, era verdad, venía mucha gente adinerada. Esperé que fuese de noche y me subí a mi furgoneta a ver el ambiente, en ese momento me paró un chico con una mochila preguntándome por una fonda, que se había perdido y lo esperaban allí sus amigos, le dije que subiera que lo llevaría, que me iba de paso, en el momento de dejar su mochila en la parte de atrás de la furgoneta, lo empujé para dentro y le di con un machete que siempre llevo allí, quedó muerto al instante, cerré la puerta y regresé a casa, como era muy tarde lo dejé en el congelador, cerré con llave y me fui a dormir, mañana me esperaba un día de mucho trabajo, tenía que descuartizarlo y hacer la masa para que mí mujer volviera a hacer las empanadillas. Todo volvería a ser como antes, pasaron dos semanas y volví a recuperar la clientela, lo mas pesado era encontrar la carne, antes podía cogerla sin apenas esfuerzo y ahora requería un poco más de trabajo, todo sea por el bien de mis clientes. Los fines de semana esto es un hervidero de gente, los mendigos no paran de llegar y yo voy a su encuentro, no quiero que piensen que en este pueblo no recibimos bien a los forasteros, sí alguno de los lectores quieren venir, con mucho gusto les indicaré el camino, es lo menos que puedo hacer por ustedes.

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4 comentarios to “Las empanadillas”

  1. DEA Says:

    Pues no estaría mal probar esas empanadillas, seguro que tienen un sabor muy especial. Y es que no hay nada como lo de uno mismo eh?, si no date cuenta que todos somos un poco caníbales, nos comemos las uñas, los mocos, incluso hay gourmets de la cera de los oídos, sin olvidar las propias heces, hay muchos seguidores de lo escatológico por todo el mundo. Bon appétit ! 🙂

  2. Loba Says:

    ¿No me digas que la carne era humana? bueno, pensandolo bien… tampoco estaria mal probar una de esas empanadas. Tal vez estuvieran muy buenas. Un relato con mucha imaginación, no me lo esperava. Te felicito.

    Un besso.

    • Una virgo lunática Says:

      Tengo una amiga que después de leer mi relato me dijo que se había hecho vegetariana, pero es que es muy exagerada, espero que no te pase a ti..jeje..un abrazo.

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