
No sé como empezar este escrito, me siento un poco ridícula frente a todo lo que está pasando en el mundo, la crisis, Grecia, Berlusconi, las elecciones en España, etc, pero la cuestión es que he decidido dejar de fumar y lo más gracioso es que no soy adicta a la nicotina, pues cuando quiero paso del tabaco, pero fumo porque me relaja, y sólo lo hago en mi casa en un ambiente de suma tranquilidad, en mi sillón preferido y sobretodo los pies en alto descansados en un puf o taburete, a veces me pregunto si seré un poco rara, como no quiero liaros demasiado, voy directamente al grano o al cigarrillo electrónico.
A pesar de sentir placer al fumar, no me gusta la ceniza, ni los olores en las cortinas y sobretodo molestar a mi familia no fumadora.
Encontré información en la red sobre los cigarrillos electrónicos, me pareció un invento estupendo, pero tenía que comprobarlo por mi misma. El jueves fui a la farmacia y al no tener en existencia me lo encargaron, estaba agotado, hasta el viernes no lo tuve en mis manos, pero al llegar a casa no había manera de montarlo, en la caja daban toda clase de detalles menos como sacar el atomizador, me dio miedo romperlo y volví a la farmacia, el cigarro se compone de batería, atomizador y recarga, lo acabo de aprender. El dependiente sabia lo mismo que yo y cometía el mismo error al querer forzar por donde no se debía, hasta que dimos en el clavo, todo es muy fácil cuando se sabe, seguro que a alguien le ha pasado lo mismo, yo me estresé tanto que tuve que hacer una pausa y fumar un cigarro de los de verdad, y eso que no soy adicta.
Ya en casa más tranquila, leí las instrucciones que dicen bien claro que el dispositivo hay que enchufarlo a la red ocho horas seguidas la primera vez, pero ya eran las siete de la tarde y no estaría hasta las tres de la madrugada esperando al dichoso cigarrillo o sea que lo dejé para hoy sábado, todo esto por una no adicción, la verdad es que no me reconozco.
Hoy sábado a las 13,15 lo conecté a la red y esperé hasta las 21,15 y me senté en mi querido sillón reposando los pies y a punto de experimentar una forma de placebo que se llama vapear. El cigarrillo pesa lo suyo y la textura no tiene nada que ver, pero el sabor no está mal y se acabó limpiar ceniceros.
De todas formas, no he tirado mis cigarrillos de siempre, todavía es muy pronto para las comparaciones, aunque sería muy bueno para mi salud vapear en vez de fumar, más adelante os diré como me va, seguro que a más de uno después de leer esto, le apetece probarlo.